EN MADRID Zaplana afea a Zapatero que prometa una subida de pensiones del 26 por cien, no porque suene a broma, sino porque dice que las pensiones no pueden utilizarse como argumento electoral, que para eso está el Pacto de Toledo. Algo de eso debe de decir también el pacto antiterrorista, respecto de lo suyo, pero va Rajoy y resalta su «legítimo derecho y obligación de hablar del terrorismo» en sus mítines. Y habla. Faltaría más. Como Iturgaiz, con un comprensible retraso de veinticuatro horas (no todos se pueden aprender el guión a la primera) y le dice a Azkarraga que pregunte «a su amigo Carod, cómo llegó a Cuenca la furgoneta de ETA cargada de explosivos». Lo que no está nada mal para un actor de reparto al que le han dado una frase.
AL QUE NO LE DEJAN actuar es a Alvarez Cascos, que entre que ha anunciado su retirada de los escenarios y que su vida privada no es precisamente la más recomendable para los Legionarios de Cristo, anda el hombre que no sabe qué inventar para matar el gusanillo de salir en los papeles. Intentó inaugurar una traviesa del AVE Madrid-Valencia pero se lo impidió la Junta Electoral. Y ahora la Chunta Aragonesista le amenaza con pedir a la misma Junta que también le prohiba inaugurar la primera piedra del, ¡atención!, aeropuerto de Monflorite-Alcalá, provincia de Huesca. Lo que hacen algunos por salir en los papeles y lo que van a tardar en Huesca en tener aeropuerto al ritmo de una piedra cada cuatro años...
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