Como la actualidad es un rodillo que todo lo aplasta, no hemos tardado en olvidar lo que hace apenas un mes fue noticia de apertura de informativos durante varios días. ¿O es que alguien recuerda a estas alturas a aquellos jóvenes suburbiales franceses que noche tras noche quemaban los coches de sus vecinos como si estuvieran en las Fallas de Valencia?. Pues siguen ahí, olvidados una vez apagadas las llamas y amortiguados los ecos de su protesta, pero ahí, en sus barrios miseria, condenados a un futuro inexistente mientras les siguen bombardeando, ahora más que nunca, con continuos llamamientos a un consumo al que no pueden acceder porque están tan lejos de la sociedad de bienestar como lo estuvieron sus padres o abuelos cuando decidieron emigrar en busca de un futuro para ellos.
Ahora quieren integrarles en el sistema. Pretenden que sean buenos chicos y honrados ciudadanos que en lugar de ir quemando coches por ahí, se limiten a pagar sus impuestos y, acaso, quemen su frustración insultando a un árbitro en el fútbol, que es lo que se espera de cualquier honrado ciudadano. Para conseguirlo, algunos prófugos del arroyo como el rapero Joey Starr o el futbolista internacional Thuram, nacidos y criados en los ‘banlieus’, se han acercado a ellos para convencerles de que el sistema les ofrece una oportunidad, incluso a ellos. De que lo que deben hacer es inscribirse en el censo y votar en las próximas elecciones. El actor Guillaume Depardieu hasta se ha sacado una frase que para sí quisieran los asesores de Zapatero: «La tarjeta electoral es el único preservativo contra las ideas de la extrema derecha», les ha dicho. La verdad es que como frase no está mal. Otra cosa es que sea verdad, aunque en estos tiempos eso es lo de menos.
Sed buenos, votad y no queméis coches, les han dicho. Mientras tanto, el ministro de Educación, Guilles de Robien, ha propuesto, con el respaldo incondicional de Sarkozy, poner policías en los institutos para proteger a los profesores. El titular de Interior ha recomendado que se empiece por los centros más conflictivos, no por donde se acumula la escoria, que es lo que hubiera dicho hace un mes. La idea se les ha ocurrido después de que una profesora fuera apuñalada por un alumno en plena clase. Se ve que el tal alumno no estaría en edad de votar todavía, así que como no pudo descargar su frustración en la urna, como proponen los famosos coleguitas, lo hizo en el cuerpo de su profesora, navaja mediante. Así están las cosas. Cuando vuelvan a arder los coches volveremos a preguntarnos qué es lo que está pasando.
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