Podría ser le titular de una noticia de Economía, en ese estilo tan propio de los informadores especializados de personalizar objetos, como Samaniego personificaba animales. El mercado para los economistas puede estar nervioso o apático, contento o deprimido. A veces el mercado hasta se rebela. Pero aquí no estamos hablando de Wall Street sino del mercado de abastos de Collblanc, en L`Hospitalet de Llobregat, Barcelona. Pescaderas enarbolando machetes de descabezar atunes, fruteros amenazando con convertir en munición su mercancía y público en general, recibieron a Rajoy, que había ido a pedirles que voten ‘no’ en el referéndum del Estatut, con epítetos como ‘fascista’, ‘asqueroso’ o ‘desgraciado’. O sea, de todo menos bonito, lo que obligó al presidente del PP a una discreta retirada a sus cuarteles. A Madrid, para ser más exactos, donde por la tarde los asistentes a la concentración convocada por la AVT le recibieron al grito de ‘presidente, presidente’. Se queja nuestro héroe de que lo de L‘Hospitalet fue una cosa organizada y orquestada por el PSC, pero nada dice de la organización de lo de la tarde, de lo que se deduce que debió de ser una cosa espontánea de fervor popular, que es casi tan gracioso como ver a Acebes reclamando que quiere saber la verdad del 11-M. Precisamente él.
Está feo eso de insultar a un señor por mucha murga que nos esté dando mientras compramos calabacines pero es lo que tienen estos tiempos en los que precisamente para el sector que lidera Rajoy, la política consiste en insultar y en gritar, ya sea desde un escaño o desde un púlpito radiofónico.La gente se fija y aprende de sus líderes. Y si le dan ocasión, se desfoga. Repase el señor Rajoy todas las cosas que han dicho él, su partido y sus adláteres de Catalunya y los catalanes y encontrará una explicación a la rebelión del mercado. Ah, y la próxima vez, que vaya Martínez Pujalte que ese por lo menos garantiza el espectáculo.
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