lunes, 26 de junio de 2006

Los secretos peor guardados

Hace cuatro días como quien dice, nos hacíamos eco de lo que los brasileños definieron como secreto mejor guardado, léase el peso de Ronaldo. Convenimos todos en que estaba claro que tarde o temprano el secreto mejor guardado acabaría siendo desvelado, como así ocurrió efectivamente por la indiscreción de un preparador físico de las selección canarinha. Claro que acusar a este hombre de lenguaraz sería una flagrante injusticia si lo comparamos con quienes trabajan en los juzgados españoles, sea dicho sin ánimo de señalar a nadie en concreto y sin intención de generalizar la sospecha. El que desveló el peso de Ronaldo es una tumba a la que se le puede confiar cualquier confidencia en la seguridad de que te la guardará un rato. Un mes por poner un plazo. Los que guardan los secretos de los sumarios de los juzgados españoles suelen empezar a piar en cuanto sacan la última fotocopia, e incluso antes en algunos casos. Y lo suelen hacer a conciencia, para que no haya dudas. Nada de te cuento un detallito para que sepas por dónde van las cosas. Qué va. Suelen facilitar el paquete completo con fotos, grabaciones audiovisuales y documentos incluidos. No falla. Basta que declaren el secreto sumarial para que al día siguiente tengamos la más completa información en determinados medios. A lo que los abogados de los encausados no llegan, acceden los periodistas. Cualquiera diría que la judicatura española está empeñada en elevar los índices de venta de la prensa. De alguna prensa claro.
No nos han faltado ejemplos estos últimos días. La llamada trama de extorsión de ETA nos ha ofrecido conversaciones telefónicas diversas y profusos datos biográficos de los detenidos. Obsérvese sin embargo que todas las revelaciones se han producido a este lado de la muga, sin que desde los tribunales franceses haya trascendido nada. Curioso. Por no decir otra cosa.
Pero no sólo los asuntos políticos despiertan la furia filtradora a la prensa amiga. La cosa abarca todos los campos. Allí donde hay un secreto, hay un correveidile. Ayer los ciclistas profesionales decidieron boicotear el campeonato de España después de desayunarse con un relato pormenorizado, fotos y papeles incluidos de las aventuras y desventuras de los implicados en la llamada ‘Operación Puerto’. A los ciclistas les queda el recurso del pataleo y boicotear una carrera. A los ciudadanos nos queda el derecho a cabrearnos. Al Estado le queda el recurso de detectar y castigar a los filtradores, como es su obligación, aunque a la vista de los hechos parezca increíble.

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