viernes, 16 de junio de 2006

Mitos que se derrumban

Uno crece creyendo en el mito que le han vendido desde la fabrica de sueños y para cuando se quiere dar cuenta se le han caído los palos del sombrajo. Qué fue de la oportunidad y rapidez con la que llegaba siempre al rescate el Séptimo de Caballería al toque de corneta. Qué de la honradez y los valores humanos de James Stewart en ‘Qué bello es vivir’. Nada de nada. Puro celuloide. La cruda realidad del sueño americano llega cuando te despiertas y te cuentan la verdad. Una pesadilla. ¿Se acuerdan del huracán Katrina y de la gigantesca chapuza que dejó al descubierto durante aquellos días en los Nueva Orleans parecía una ciudad del tercer mundo?. Pues ha tenido continuación. La Oficina de Contabilidad de la Casa Blanca ha descubierto que al menos mil millones de dólares, un 16 por cien del total de las ayudas que se destinaron a los damnificados, acabaron bastante lejos de su destino. Sirvieron entre otras cosas y vaya sólo a título de ejemplo, para que alguien comprara entradas para el fútbol o se pagara dos meses de vacaciones en el Caribe. Hubo quien aprovechó el dinero que recibió en su condición de damnificado para costearse una operación de cambio de sexo, y quien se puso ciego a invitar a champán del bueno en un un local de strip-tease. Tan bueno como que cada botella costaba 200 dólares. Son pequeños descubrimientos que han hecho después de investigar a 250 destinatarios de ayudas elegidos al azar. Método estadístico, vamos, lo que quiere decir que a) la chapuza alcanza dimensiones más que considerables y b) que la picaresca no es exclusiva de ciertas latitudes. Claro que no conviene olvidar una tercera conclusión. Si las ayudas se dieron con tanta ligereza y descontrol como para que los ayudados se las pudieran gastar con esa alegría, ¿cuántas de esas ayudas se habrán desviado a los bolsillos de los ayudadores?.

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