jueves, 22 de junio de 2006

No es que él no quiera...

Hemos llegado a un grado de cinismo tan elevado que somos capaces de tragar con todo. Tampoco es cuestión de sumarse a la denuncia del relativismo en los términos de Ratzinger, pero no vendría mal un poco de utopía mezclada con unas gotas de valores (y de valor). Los austríacos han asistido, no diré que imperturbables, pero sí resignados, a una suspensión temporal de sus derechos ciudadanos en toda regla La llamada ‘zona Bush’, es decir las calles que comprendían el trayecto del presidente americano desde su lugar de residencia a la sede de la cumbre con los mandatarios europeos, fue literalmente tomada por la Policía hasta el punto de que todos los establecimientos comerciales quedaron cerrados por decreto durante todo el día y los peatones fueron conminados a entrar en tiendas y bares de las calles adyacentes al paso de la comitiva presidencial para dejar la vía desierta. Lo que hace veinte años nos hubiera sonado a ciencia ficción orwelliana es una realidad que a algunos les parecerá hasta normal, todo sea por la seguridad.
Tan normal como la existencia del campo de Guantánamo, muchos de cuyos prisioneros fueron llevados y traídos de países donde ni siquiera les hace falta aparentar que están contra la tortura, en vuelos secretos utilizando aeropuertos europeos mientras las autoridades locales miraban hacia otro lado. En estas condiciones ambientales se entiende la respuesta de Bush al requerimiento de sus colegas europeos de que cierre el campo de concentración. Aunque no tenga muchas luces, Bush y sus asesores saben que entre colegas no se pisan la manguera. Poca autoridad tienen quienes no se enteraron de cientos de vuelos clandestinos en sus propios aeropuertos, para afearle la conducta al inquilino de la Casa Blanca. De ahí su respuesta. Ya quisiera yo cerrar cuanto antes Guantánamo, créanme, pero ¿qué hacemos con más de la mitad de los prisioneros que tienen que ser juzgados en EE.UU., todos ellos asesinos a sangre fría?. ¿Trasladarlos a prisiones en territorio americano tal vez?. Eso obligaría a mantener una apariencia de estado de derecho. Redactar una acusación formal, recolectar pruebas, nombrar abogados a lo peor deseosos de notoriedad... No es que no quiera, créanme, pero no se preocupen. Me comprometo a ser respetuoso con los derechos humanos. Y ahora, hagan el favor de vaciarme las calles, que quiero irme a casa.

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