En estos tiempos en los que el PP y su coro mediático braman prácticamente contra todo, llama la atención que uno de sus concejales en Catalunya, el número dos del ayuntamiento de Lleida concretamente, pida públicamente el ‘sí’ al Estatut en el referéndum del próximo día 18 y que proclame que lo hace con la conciencia bien tranquila y por coherencia personal. Enric Oró se llama la criatura, y ya es a estas alturas, una curiosidad científica a la altura de la rareza del ornitorrinco. El concejal Oró ya es raro de por sí, por el mero hecho de apuntarse al PP en Catalunya, un partido minoritario tendente a cero allí, pero su postura personal ante el Estatut entra en la categoría de las noticias insólitas, junto a la presentación de los urinarios de caballeros del centro internacional de prensa del Mundial, donde los periodistas podrán jugar a meter gol (que siempre será más creativo que jugar a ver quién la tiene más larga), la de la muerte de un canguro albino en el zoológico de Córdoba, o el arreglo al que han llegado los jugadores de la selección de Togo por ganar el Mundial, que los angelitos han acabado apalabrando 120.000 euros por cabeza con su federación para el día que levanten la Copa del Mundo en Alemania después de empezar exigiendo 155.000. Se ve que se tienen fe. Si llegan a saber antes de la existencia del concejal Oró, le fichan de delantero centro.
En todos los partidos suele haber un concejal Oró, dispuesto a dar la nota por motivos personales, por razón de su conciencia o, tal vez porque ya no ve futuro en lo suyo y es cosa de probar nuevos caminos. En algunos han tenido hasta alcalde, que ya me explicarán sino, a qué jugó el socialista Francisco Vázquez los largos años que estuvo al frente del consistorio de A Coruña, hasta que fue nombrado embajador en el Vaticano. Mientras no hagan mal a nadie, votando por ejemplo una ley en razón de su conciencia, única e intransferible y que a los que no piensen como ellos que les den, sirven para dar la nota pintoresca, para que algunos escribamos unas líneas y para que sus respectivos partidos los saquen al escaparate para demostrar lo demócratas que son aceptando la disidencia dentro de un orden. Lo malo para el concejal Oró en este caso es que sus jefes tienen que sostener la teoría de la conexión Perpignan que mezcla Estatut y ETA con parecida lógica a la que emplean para mezclar 11-M y ETA, y con el carácter que tienen Acebes y compañía no sé yo si al concejal Oró le queda mucho cargo. Permanezcan atentos a sus pantallas.
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