Pues ya estamos como el Atlético de Madrid del difunto Jesús Gil o a la altura del mismísimo Piterman. Ha costado 108 años pero lo han conseguido. Echar al entrenador tres días antes de que empiece la pretemporada no es algo que se consiga hacer todos los días ni está al alcance de cualquiera. Tiene su mérito hacer tan mal las cosas, pero aunque no será fácil que lo hagan peor, tampoco vayamos a perder la esperanza tan pronto conociendo a los protagonistas. No duden de que si aún les queda margen para empeorar, estos lograrán batir su mejor marca. No lo van a tener fácil, eso es cierto, porque entrenadores como Clemente tan proclives a meterse en todos los charcos, incluso hasta en medio del desierto si hiciera falta, tampoco se fichan todos los días, así que por ahí tienen un serio hándicap. Ahora se tendrán que equivocar solos, pero insisto, no perdamos la esperanza: han demostrado sobradamente que solos también son capaces de hacer virguerías como la de Zubiaurre. Cuando ya les concedes ayudas como la de Clemente, entonces se adornan. Normal.
Las gentes que sufren en silencio en San Mamés o las de pañuelo fácil y protesta airada cada vez lo tienen más sencillo. Pueden pedir la dimisión de Lamikiz y su Junta por un montón de razones... y por sus contrarias. Por fichar en su día a Clemente conociendo el percal o por no ficharlo; por mantenerlo cuando era manifiesto que no confiaban en él o por no echarlo cuando estuvieron a tiempo y no se atrevieron; por despedirle ahora en pleno julio o por no mantenerlo cuando la situación ya era del todo insostenible; por no tener un entrenador en la recámara o por tenerlo. Razones hay muchas, ya ven, pero Athletic sólo tenemos uno y el estropicio que le están haciendo estos últimos años nos lo está dejando tan irreconocible que empieza a parecer un club a la medida de sus actuales dirigentes y no la institución seria y respetable que conocimos.
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