Cuidado que algunos tienen que hacer equilibrios dialécticos para no tener que decir lo que les pide el cuerpo, o sea, que los cuarenta años estuvieron muy bien y que la pena es que no tengamos otros cuarenta de lo mismo. Lástima que para poder decir eso haya que nacer polaco, como el tal Maciej Maerian Giertych, eurodiputado por algo que se llama Liga de las Familias, que vino a proclamar ayer en la Eurocámara que lo del 18 de julio estuvo muy bien porque sirvió para «frenar el ataque comunista y defender a los católicos y a la Iglesia». Para Giertych, Franco y Salazar fueron los que salvaron al mundo del peligro rojo, el que quemaba iglesias y asesinaba curas. Jaime Mayor Oreja piensa más o menos lo mismo que el polaco, pero no lo dice en público. El, como el polaco, tampoco votó a favor de la moción que condenaba en la Eurocámara el golpe de Estado de Franco. A lo mejor fue por una mera cuestión de semántica. Como él siempre lo ha debido de conocer como el glorioso alzamiento nacional, a lo mejor es que no ha caído en la cuenta de sobre qué se estaba hablando. Puede ser. Tal vez es por eso que centró su discurso en la transición, que a este paso va a ser también la gloriosa transición, y no pronunció ni una sola vez la palabra franquismo. El prefirió dar consejos. Por ejemplo, advertir de que sería un «error histórico» impulsar una segunda transición, esa que según su conocida teoría , actualmente compartida sólo por Batasuna, traerá consigo la ruptura de España con el reconocimiento del derecho de autodeterminación y la existencia de varias naciones dentro del mismo Estado.
Está muy bien que sucedan estas cosas. Que setenta años después, haya políticos que se llaman demócratas que se nieguen a condenar el asunto. Mayor Oreja sabe que muchos de sus votantes no se lo hubieran perdonado. Al fin y al cabo, por eso les gusta tanto, a él y a sus votantes, esa transición de la que tanto hablan. Porque les permite, setenta años después de aquello, y a pesar de tres décadas de democracia formal, no sólo seguir fieles a sus ideas sino erigirse en defensores de algo, antes de la religión, ahora de la democracia. Dicen los teletipos que todos los partidos votaron la moción excepto la extrema derecha y el PP. O sea, se puede ser demócrata sin condenar a Franco. Y estos son los que hablan de condenar.
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