Es lo que tienen las tradiciones. Que al principio son novedad y sólo el paso del calendario, (rápido, un par de años a lo sumo) hace que remonten su origen a la noche de los tiempos en el imaginario popular. Las propias fiestas de San Fermín, tal y como las conocemos ahora, o más bien las conocen los americanos, se remontan a lo que contó Hemingway antesdeayer como quien dice. Es así en todas partes. Vete tú a convencer a un chaval de quince años que la Aste Nagusia de Bilbao no empezó en los tiempos de López de Haro. La primera vez que aparecieron los de PETA (más bien las) por Estafeta con sus cuernos de plástico en la cabeza como única vestimenta, la cosa se tomó como una broma de unas cuantas guiris con ganas de llamar la atención. Ayer, según cuentan las agencias, unas 1.400 personas, el doble que el año pasado, secundaron la convocatoria y participaron en el encierro anti encierro (valga la contradicción) vistiendo por lo menos ropa interior tal y como exigió el Tribunal Superior de Justicia de Navarra para dar su venia al festejo. Lástima que la delegación del Gobierno impidiera que recorrieran la carrera clásica de los toros y que la alcaldesa Barcina organizara unas cosas para niños en el mismo recorrido con el fin de justificar la prohibición. Para el año que viene habrá que tener en cuenta la corrección de estos pequeños detalles para que la tradición vaya cundiendo y la capital del Viejo Reyno gane un día más de encierro la víspera del txupinazo.
Denuncian los de PETA el trato degradante que sufren los animales e incluyen los encierros en la lista de eventos denunciables. Es la vieja discusión que nunca lleva a ninguna parte porque no se puede entender desde una lógica racional que a alguien le pueda emocionar jugarse la vida corriendo delante de un toro, tanto como a otro le priva llevar a hombros durante horas la figura de un santo o al de más allá se le saltan las lágrimas cuando ve desfilar a unos señores disfrazados de cocineros tocando un tambor. Por no referirnos a quienes consideran el no va más de la cultura popular arrojar una cabra viva desde un campanario. Probablemente correr desnudos por la calle con unos cuernos de plástico en la cabeza tampoco pueda considerarse un ejercicio muy racional, pero no hacen daño a nadie así que vaya lo uno por lo otro. Antes de que acabe la década el encierro de PETA estará entre las más arraigadas tradiciones sanfermineras como el salto al vacío desde la fuente de Navarrería y el encierro de la Villavesa. Al tiempo.
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