lunes, 10 de julio de 2006

Qué va a ser de nosotros ahora

Algunos y sobre todo algunas, se llevaban las manos a la cabeza hace un mes ante el aluvión de fútbol que se les venía encima. Pues ya ven; ya está; ya ha pasado. Lo que hace treinta días amenazaba como una inacabable sucesión de balones a todas horas, ya se ha terminado. Como todo lo que empieza, el fútbol también acaba, así que no exageren. Además, admitan que no ha sido para tanto. Tres partidos al día durante tres semanas se sobrellevan sin mayores daños a poco que uno tenga un poco de resignación. Además, lo peor fue al principio, con alguna cadena de televisión que por la cosa de la novedad y por amortizar la inversión se convirtió en un canal temático. Claro que como no se ve en todos los sitios, ya saben, ojos que no ven, corazón que no siente. El tío del tiquitaca y el de la vida maravillosa ha tenido menos recorrido que el ‘opá’ que en junio parecía que se iba a comer el mundo con su corral y no ha llegado ni a la mitad de julio. Vivimos tan acelerados que hoy en día las canciones de verano duran quince días. ¿Alguien se acuerda ya de aquel tipo que amaba a Laura?. ¿Se habrán casado ya y por eso es que está tan callado?. Y ¿se acuerda alguien de Españiaaa, el que iba a ser el pasmo de Alemania?. Pues entonces, de qué se quejan.
Se nos ha acabado el fútbol y ahora somos nosotros los que nos llevamos las manos a la cabeza mientras que nos preguntamos qué va a ser de nuestros cuerpos y mentes hasta que empiece la Liga. Los deportistas compulsivos de sillón necesitamos nuestra dosis diaria de teledeporte y me temo que este año el Tour, ese clásico televisivo de las siestas de julio, no está en condiciones de llenar el hueco. Falta tanta gente que así, a simple vista, parece la Vuelta a Burgos pero sin estatua del Cid. Lo de Clemente y Lamikiz, que prometía mucho al principio, también se ha desinflado bastante, aunque conociendo a los personajes no vamos a perder la esperanza de que nos ofrezcan algún remake el día menos pensado. Así que la resignación que pedíamos hace un mes a las víctimas de nuestra pasión, nos la vamos a tener que aplicar ahora nosotros mismos a la espera de que vengan tiempos mejores. Y no me recuerden lo pesados que nos ponemos viendo siempre lo mismo. Al fin y al cabo lo nuestro se soluciona con el mando a distancia y es estacional, o sea, once meses al año, más o menos. Otros llevan años dándole vueltas a lo mismo y no sólo les aguantamos sino que incluso algunos hasta les votamos para que sigan con su tiquitaca porque en el fondo creemos que la vida puede ser maravillosa, incluso sin fútbol.

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