NO es por señalar y nadie se sienta ofendido, sobre todo porque cuando el que se siente ofendido es un señor que viste toga el resto de los mortales nos tentamos la ropa. Pero no me negarán, incluso los togados, que las cosas de la Justicia en este país suelen producir muchas veces digamos que asombro. Y no me estoy refiriendo ahora a esas sentencias, dictámenes o disposiciones que suelen autorizar, o no, algunas manifestaciones. Me estoy refiriendo a otro tema tan veraniego como el de las manifestaciones de ahora sí que sí, ahora sí que no, como es de las regatas de traineras. Y ahí tenemos al magistrado José Tomás Rodríguez Rodríguez que se está haciendo un hueco en los medios de comunicación a base de dictar autos de suspensión cautelar. Por algo se empieza, y quién sabe si dentro de unos años este hombre no ocupará el lugar de otros grandes jueces mediáticos como Garzón o Marlaska. Dictó primero nuestro magistrado un auto que suspendía de forma provisional la decisión del alcalde de Donostia de no invitar a su regata a la tripulación de Astillero. Estimó entonces el juez que aquella exclusión podría suponer un daño irreparable si una posterior sentencia daba la razón a los no invitados. En otras palabras, el magistrado Rodríguez obligaba al alcalde a invitar a alguien a su casa en contra de su voluntad, lo que no deja de ser una novedad digna de incluirse en una próxima edición del Aranzadi. Pero nuestro juez dictó ayer otro auto que suspendía cautelarmente los efectos de su propio auto anterior, a la espera de un posterior auto definitivo que dictará dentro de tres días. Eso si en este plazo no se suspende cautelarmente a sí mismo y la acabamos de liar.
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