miércoles, 15 de noviembre de 2006

Complicar lo más sencillo

Hubo un tiempo ya muy lejano, en el que los equipos de fútbol tenían una camiseta para jugar los domingos y otra para cuando coincidían sus colores con los del rival. Así, el utillero del Madrid sabia que cuando viajaba a Valencia tenía que llevar las otras camisetas, y el del Athletic hacía lo propio cuando viajaba al campo del Atlético. Los aficionados y los árbitros se sabían los colores de memoria y nunca hubo ningún problema. Además los porteros simplificaban las cosas porque su arco cromático no pasaba del negro y el azul marino. Un alarde al lado de los árbitros, siempre de negro riguroso como corresponde a su función. Y para que no quedaran dudas, los futbolistas iban numerados correlativamente del uno al once, y ocupaban la posición correspondiente en el campo. Así, sabías que el ‘siete’ era extremo de toda la vida, y el ‘once’ lo mismo, pero además, zurdo. El bueno del equipo era el ‘diez’, y el ‘cinco’ era el más fuerte de todos y jugaba de central. Y con botas negras todo el mundo.
Pero llegaron la modernidad, el marketing y el merchandising y los campos de fútbol se llenaron de números, colorines y diseños que ríase usted del Love Parade de Berlín. Ahora ha llegado el secretario general de la LFP a ofrecer su apoyo a los árbitros y a la Federación para regular los colores de los uniformes y hasta ha insinuado la conveniencia de redactar unas normas para que no se produzcan las confusiones que nunca hubo. Hemos llegado al punto de tener que redactar una norma para distinguir las camisetas del Athletic y el Barcelona, y pretendemos que el PSOE y Batasuna se pongan de acuerdo en definir el concepto violencia. ¡Qué ilusos somos!.

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