Hace muy bien Fuentes en dar todos los pasos que considere necesarios en la defensa de los intereses de la sociedad que preside. Incluso está en su derecho de tratar de impedir que Zubiaurre juegue por los siglos de los siglos, recurriendo incluso algún dictamen de la LFP favorable a la inscripción del jugador mientras resuelven los tribunales. Cada uno es muy libre de albergar la sed de venganza que considere oportuna, o de hacer valer el factor ejemplarizante para que otros jugadores escarmienten en cabeza ajena. Hasta puede marcarse el histórico autogol de una sentencia del alto tribunal que declare inválidas las cláusulas de rescisión. Pero lo que en ningún caso puede pretender es que todo eso no termine afectando a las relaciones entre ambas entidades, como ha llegado a afirmar. Su homóloga Ana Urquijo también está obligada a defender los intereses del club que preside y a distinguir hasta dónde puede llegar eso de la sana rivalidad deportiva.
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