Es verdad que son los actores los principales responsables del espectáculo, pero cuando éste se repite tan a menudo, hay que empezar a pensar en encontrar razones más profundas que la calidad de una determinada plantilla o la capacidad de dirección de un entrenador. Todos los indicadores nos llevan a una conclusión terrible. El Athletic está menguando a ojos vista. Es verdad que desde la Liga 55-56 a las que ganó con Clemente, pasaron veintisiete años, cinco más que el periodo de sequía actual, pero entonces, en medio hubo tres Copas y otras tantas finales, incluida una de la UEFA. Hasta los noventa, el Athletic ganó al menos un título en cada década. Ahora ya ha dejado de ser el rey de Copas y el riesgo de descenso, antes impensable, está cada vez más asumido. Desde la ‘ley Bosman’, el fútbol está viviendo un cambio de era histórico, del calibre que supuso la llegada del profesionalismo al final de los años veinte, que se llevó por delante a los que no se adaptaron. Este debería ser el gran tema de debate en las próximas elecciones. Para que quede zanjado de una vez y con todas las consecuencias
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