viernes, 1 de diciembre de 2006

La broma de la seguridad aérea

¿Ha viajado usted este pasado mes de noviembre en algún avión de British Airways con destino a ciudades tan dispares como Barcelona o Larnaca?. Sepa que los responsables de la compañía británica le están buscando. A usted y a los otros 33.000 pasajeros que hicieron algún vuelo en tres de los aparatos de su flota. No. No le van a dar un premio por ser el turista un millón, ni le van a pedir disculpas por el retraso. Simplemente quieren hacerle algunas pruebas médicas. Nada importante, no se preocupe. Es sólo para comprobar que usted no está sufriendo una contaminación radiactiva, polonio 210 concretamente. ¿Le suena de algo?. Exacto. Es la sustancia que emplearon para liquidar (por utilizar un término propio de la profesión) al espía Litvinenko. Si usted ve que todavía respira y el pelo no se le cae más de lo habitual, es buena señal. No se ponga nervioso. Peor lo tienen los dieciocho ciudadanos que ya están ingresados en hospitales ingleses. Además, la ministra de Sanidad española ya ha dicho que no hay que preocuparse, que le han asegurado que el riesgo es mínimo. Dicen que la radiación de este elemento sólo dura 138 días. Claro que aquel ministro, Sancho Rof, también dijo que lo del aceite de colza era un bichito que se caía al suelo y se moría, y mira la que se armó.
La próxima vez que vaya a un aeropuerto y le traten como a un delincuente, le cacheen, le vacíen la bolsa de mano, le confisquen la colonia y el jabón de afeitar y le obliguen a tragarse los potitos del niño, recuerde que todo eso le pasa por su bien y por su mala cabeza, por pretender colar en el avión elementos tan peligrosos como un tubo de dentífrico o unas tijeras de manicura, en lugar de llevar un bote de polonio 210 como Dios manda.

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