Se nos ha acabado el fútbol y ahora somos nosotros los que nos llevamos las manos a la cabeza mientras que nos preguntamos qué va a ser de nuestros cuerpos y mentes hasta que empiece la Liga. Los deportistas compulsivos de sillón necesitamos nuestra dosis diaria de teledeporte y me temo que este año el Tour, ese clásico televisivo de las siestas de julio, no está en condiciones de llenar el hueco. Falta tanta gente que así, a simple vista, parece la Vuelta a Burgos pero sin estatua del Cid. Lo de Clemente y Lamikiz, que prometía mucho al principio, también se ha desinflado bastante, aunque conociendo a los personajes no vamos a perder la esperanza de que nos ofrezcan algún remake el día menos pensado. Así que la resignación que pedíamos hace un mes a las víctimas de nuestra pasión, nos la vamos a tener que aplicar ahora nosotros mismos a la espera de que vengan tiempos mejores. Y no me recuerden lo pesados que nos ponemos viendo siempre lo mismo. Al fin y al cabo lo nuestro se soluciona con el mando a distancia y es estacional, o sea, once meses al año, más o menos. Otros llevan años dándole vueltas a lo mismo y no sólo les aguantamos sino que incluso algunos hasta les votamos para que sigan con su tiquitaca porque en el fondo creemos que la vida puede ser maravillosa, incluso sin fútbol.
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