martes 28 de noviembre de 2006

Un buen tema para debatir

Félix Sarriugarte ya no es el entrenador del Athletic. A estas alturas, un cese en el banquillo rojiblanco es una noticia sólo relativa. Al fin y al cabo, es el tercero que se produce en los últimos dieciocho meses y el octavo cambio en los últimos diez años. Ni él mismo pondrá en duda de que le compete buena parte de la responsabilidad de la mala trayectoria del Athletic esta temporada. Los jugadores deberían asumir también su parte alícuota, porque al fin y al cabo son dueños de sus actos y, por lo tanto, responsables de los errores (muchos) que cometen sobre el terreno de juego. Pero esto ya es más difícil. Que asuman su responsabilidad, digo.
Es verdad que son los actores los principales responsables del espectáculo, pero cuando éste se repite tan a menudo, hay que empezar a pensar en encontrar razones más profundas que la calidad de una determinada plantilla o la capacidad de dirección de un entrenador. Todos los indicadores nos llevan a una conclusión terrible. El Athletic está menguando a ojos vista. Es verdad que desde la Liga 55-56 a las que ganó con Clemente, pasaron veintisiete años, cinco más que el periodo de sequía actual, pero entonces, en medio hubo tres Copas y otras tantas finales, incluida una de la UEFA. Hasta los noventa, el Athletic ganó al menos un título en cada década. Ahora ya ha dejado de ser el rey de Copas y el riesgo de descenso, antes impensable, está cada vez más asumido. Desde la ‘ley Bosman’, el fútbol está viviendo un cambio de era histórico, del calibre que supuso la llegada del profesionalismo al final de los años veinte, que se llevó por delante a los que no se adaptaron. Este debería ser el gran tema de debate en las próximas elecciones. Para que quede zanjado de una vez y con todas las consecuencias

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sábado 25 de noviembre de 2006

Democracia envenenada

El veneno ha sido de siempre una buena forma de solucionar problemas tanto en la literatura como en la vida real. Los emperadores romanos ya resolvían con él algunos conflictos. Madam Bovary se quitó de enmedio con arsénico y Rasputín dejó de enredar después de que le aderezaran su última cena. En el viejo ‘El caso’, aquel precursor en papel de los actuales programas de televisión de mayor éxito, se publicaron muchas historias de envenenamiento, mayormente a base de matarratas, un veneno como más racial y acorde con la clientela a la que se dirigía aquel periódico. Algunos hechos están poniendo de manifiesto que el presidente ruso, Putin, es un buen aficionado al uso del veneno. El rostro del presidente ucraniano Yuschenko daba fe hasta ahora. A partir de ayer, otro rostro y otra mirada han quedado para siempre en nuestra memoria: los de Alexander Litvinenko, un antiguo espía que ha muerto tras ingerir una buena dosis de polonio 210, una sustancia radiactiva. Investigaba quién había asesinado a la periodista Politkovskaya, que a su vez acababa de escribir un reportaje contando el genocidio que Moscú está perpetrando en Chechenia. A Litvinenko le dio tiempo a darse cuenta de lo que le estaba pasando y a escribir una carta dirigida al que acusa de ser el responsable último de su muerte. «Usted puede tener éxito en silenciar a un hombre pero los gritos de protestas de todas las partes del mundo van a resonar, señor Putin, en sus oídos el resto de su vida». Demasiado optimista Litvinenko. Putin está negociando con la UE las exportaciones de carne, lácteos y verduras comunitarias, de las que Rusia es principal cliente. Practica lo que ahora se entiende por democracia.

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miércoles 22 de noviembre de 2006

Que no decaiga la fiesta

Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Si ya llevamos dos semanas con las calles llenas de lucecitas y hay quien compró lotería en agosto, por qué no escribir una columna de la Navidad aprovechando uno de esos estudios sociológicos que abundan tanto que según Mercedes Milá hasta la basura de Gran Hermano es un estudio sociológico. Dice este estudio que los españoles se gastarán 904 euros de media por cabeza para celebrar como se merecen esas fechas tan entrañables y que no les falte de nada. ¿Será por dinero?. Los alemanes se gastarán la mitad, 435 euros, a pesar de que su sueldo medio sea mucho más alto, los franceses destinarán 548 euros a los festejos, los italianos, 669 y los portugueses, 588.
De los casi mil euros que le cuesta la Navidad a cada español, más de la mitad se le va en regalos. Se ve que hizo fortuna aquel viejo eslogan que se le ocurrió a algún comerciante, que invitaba a ‘practicar la elegancia social del regalo’ y no es cuestión de quedar como patanes con la familia y menos con las amistades. Lo mejor de todo esto es que, descuentas a los niños por lo que les va en ello, te sobran los dedos de una mano para inventariar a los que te reconocen que les gusta la Navidad y todo lo que conlleva. El que no se pone nostálgico, recuerda a los ausentes, y quien no cae en la melancolía, maldice la fiebre consumista y los villancicos de los centros comerciales. Alguien debería hacer un estudio sociológico para descubrir la razón por la que unas fechas que la mayoría dice odiar o, como mucho, soportar, enganchan tanto que a nadie parece importarle gastarse lo que no tiene con tal de que no decaiga la fiesta. Será que, efectivamente, seguimos sin conocer los límites de la estupidez humana.

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miércoles 15 de noviembre de 2006

Complicar lo más sencillo

Hubo un tiempo ya muy lejano, en el que los equipos de fútbol tenían una camiseta para jugar los domingos y otra para cuando coincidían sus colores con los del rival. Así, el utillero del Madrid sabia que cuando viajaba a Valencia tenía que llevar las otras camisetas, y el del Athletic hacía lo propio cuando viajaba al campo del Atlético. Los aficionados y los árbitros se sabían los colores de memoria y nunca hubo ningún problema. Además los porteros simplificaban las cosas porque su arco cromático no pasaba del negro y el azul marino. Un alarde al lado de los árbitros, siempre de negro riguroso como corresponde a su función. Y para que no quedaran dudas, los futbolistas iban numerados correlativamente del uno al once, y ocupaban la posición correspondiente en el campo. Así, sabías que el ‘siete’ era extremo de toda la vida, y el ‘once’ lo mismo, pero además, zurdo. El bueno del equipo era el ‘diez’, y el ‘cinco’ era el más fuerte de todos y jugaba de central. Y con botas negras todo el mundo.
Pero llegaron la modernidad, el marketing y el merchandising y los campos de fútbol se llenaron de números, colorines y diseños que ríase usted del Love Parade de Berlín. Ahora ha llegado el secretario general de la LFP a ofrecer su apoyo a los árbitros y a la Federación para regular los colores de los uniformes y hasta ha insinuado la conveniencia de redactar unas normas para que no se produzcan las confusiones que nunca hubo. Hemos llegado al punto de tener que redactar una norma para distinguir las camisetas del Athletic y el Barcelona, y pretendemos que el PSOE y Batasuna se pongan de acuerdo en definir el concepto violencia. ¡Qué ilusos somos!.

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miércoles 8 de noviembre de 2006

Tan malo como previsible

La Junta Directiva del Athletic, que preside Ana Urquijo, ha decidido romper relaciones con la Real Sociedad a raíz de que la sociedad donostiarra anunciara su recurso al Tribunal Supremo en el ‘caso Zubiaurre’. El escenario de dos clubes vascos de la entidad del Athletic y la Real enfrentados es pésimo, pero perfectamente previsible a la luz de los últimos acontecimientos. Es más, a ambos lados de la autopista serán muchos los que se alegren del actual estado de cosas. No es bueno que el Athletic oficialice su enfado en la forma en que ayer lo hizo Urquijo, pero no es mejor que te lleven al Supremo y encima pretendan que aquí no ha pasado nada, que todo debe de seguir en la anormal normalidad en la que se ha vivido en los últimos tiempos, tan amigos y tan felices aunque estemos hablando en los tribunales de un asunto de treinta millones de euros.
Hace muy bien Fuentes en dar todos los pasos que considere necesarios en la defensa de los intereses de la sociedad que preside. Incluso está en su derecho de tratar de impedir que Zubiaurre juegue por los siglos de los siglos, recurriendo incluso algún dictamen de la LFP favorable a la inscripción del jugador mientras resuelven los tribunales. Cada uno es muy libre de albergar la sed de venganza que considere oportuna, o de hacer valer el factor ejemplarizante para que otros jugadores escarmienten en cabeza ajena. Hasta puede marcarse el histórico autogol de una sentencia del alto tribunal que declare inválidas las cláusulas de rescisión. Pero lo que en ningún caso puede pretender es que todo eso no termine afectando a las relaciones entre ambas entidades, como ha llegado a afirmar. Su homóloga Ana Urquijo también está obligada a defender los intereses del club que preside y a distinguir hasta dónde puede llegar eso de la sana rivalidad deportiva.

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viernes 3 de noviembre de 2006

Recursos que retratan

El Consejo de Administración de la Real Sociedad ha decidido recurrir ante el Tribunal Supremo la sentencia del TSJPV que a su vez dictaminó sobre un recurso a la sentencia que en su día pronunció el Juzgado de lo Social de Donostia en el llamado ‘caso Zubiaurre’. Fuentes y los suyos están en su perfecto derecho de actuar en defensa de los intereses de la Real Sociedad aprovechando una metedura de pata que ya ha colocado a un ex presidente del Athletic en la historia de la entidad. Fuentes y los suyos podrían haber empezado por preguntar a Astiazarán y a Olabe los términos del acuerdo al que llegaron con Zubiaurre que, en definitiva, fueron los que impulsaron al jugador a dar el paso de cambiar de equipo. Claro que aquello fue un acuerdo verbal sin valor jurídico y entre algunos de nosotros la palabra empeñada ha perdido el valor que tenía.
Fuentes y los suyos entienden que los cinco millones de euros señalados por los jueces, son muy poca cosa frente a los treinta y tres que quieren cobrar, pese a que los mismos jueces hayan dicho que semejantes cláusulas son abusivas y por lo tanto contrarias a derecho. Hacen bien Fuentes y los suyos en recurrir. Así tendrán un buen tema de conversación en la Junta de Accionistas. Siempre es mejor hablar de lo bien que defiende uno los intereses de la Real en los tribunales, que de la deuda, los cuatro entrenadores en dieciseis meses, la política de fichajes o la dirección deportiva de la entidad. Fuentes, que como futbolista pasó sin pena ni gloria, quiere convertirse en el paladín de los derechos de la Real y el azote de los jugadores que pretenden aprovechar la oportunidad de mejorar sus condiciones. A lo mejor tienen razón, pero tengo la impresión de que los actuales dirigentes de la Real ya han traspasado la línea que separa la justicia de la venganza.

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