Cuentan que cuando al torero Rafael ‘El Gallo’ le presentaron a José Ortega y Gasset, el diestro se interesó por el trabajo que desarrollaba el filósofo y éste le explicó que los filósofos se dedican a pensar. “Hay gente pa to”, fue la conclusión de ‘El Gallo’, asombrado sin duda por semejante descubrimiento. Es lo primero que se le viene a uno a la cabeza cuando le cuentan que dos científicos estadounidenses han gastado 150.000 euros y han empleando dieciocho meses y un superordenador para conseguir resolver el cubo de Rubik, ¿recuerdan el juguetito?, en sólo veintiséis movimientos, uno menos de los que hasta ahora se creía que era el mínimo imprescindible para devolver al rompecabezas a su estado original una vez mezclados los colores. Han dado por lo tanto un paso más para acercarse al ‘número de Dios’, que es el número que los científicos suponen (es un suponer místico) que necesita el Creador para resolver el cubo. Ya ven que los científicos tan racionales ellos, también recurren a lo intangible cuando quieren ponerse trascendentes. Si me preguntan para qué sirve resolver el cubo de Rubik en veintiséis movimientos, les confesaré que no tengo ni idea, pero debe de ser para algo muy importante puesto que Gene Cooperman y Dan Kunkle, que son los autores de la hazaña, han manifestado que lo importante no es tanto resolver el puzzle sino demostrar que disponemos de tecnología para hacerlo. Antes de que usted caiga en la tentación de empezar a revolver en el fondo del armario donde guarda los juguetes y ponerse a resolver el cubo empezando por donde lo dejó hace un montón de años, le recuerdo que el cubito permite 43 quintillones de combinaciones, o sea un 43 seguido de 18 ceros, que debe de ser así a ojo, como acertar una Primitiva.
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