No se me ofendan pero estoy seguro de que me sobran los dedos de una mano para contar a los que conocen el significado de la palabrita que encabeza esta columna. Pero por si acaso no la repitan en voz alta. Les pueden meter en la cárcel. De hecho, a uno de los que la emplea, el sociólogo alemán Andrej Holm, y a otros tres investigadores, la policía de su país les ha detenido bajo la acusación fiscal de complicidad intelectual con los terroristas y les mantiene en prisión preventiva desde primeros de este mes de agosto. Parece que aquellos y estos utilizan la misma palabra en algunos de sus escritos y teniendo en uso minoritario, la Policía concluye que por lo menos unos y otros se tienen que conocer. No me digan que el hilo investigador no está bien traído. Ni Grisson el de CSI tiene tanta capacidad de deducción. Lo de la complicidad intelectual supongo que lo habrán sacado de la doctrina Mayor Oreja porque no parece que en la extensísima y prestigiosa jurisprudencia alemana hayan podido dar con algún antecedente. Otra de las pistas que han agravado las sospechas del ministerio fiscal es que el sociólogo no llevara consigo su teléfono móvil cuando le visitó la Policía. No me pregunten qué es lo que convierte en sospechoso a un señor que no lleva móvil. Pero volvamos con la palabrita. La ‘gentrificación’(del inglés gentry) estudia el aburguesamiento de antiguos barrios obreros y los proyectos de renovación urbana y revitalización de dichas áreas. Los estudios de Holm, según la Policía, inspiran los manifiestos de los movimientos antiglobalización de izquierda, entre ellos los que provocaron graves disturbios en la última cumbre del G-8. Y_encima el individuo no lleva teléfono móvil. Como diga otra vez gentrificación se merece que le laven la boca con jabón.
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