A estas alturas ya sabrán a qué hermana me refiero, pero para aquellos que se han sumergido en la Aste Nagusia de tal manera que no distinguen nada más allá de la barra de una txozna, aclararé que hablamos de la hermana de Zidane, esa a la que el italiano Materazzi le atribuye habilidades que hoy en día se anuncian en las páginas de los periódicos, con foto ‘auténtica’ incluida, y de las que hablan en primera persona algunas famosas en programas de televisión en horario infantil. Los aficionados al fútbol ya sospechábamos que Materazzi habría tenido un recuerdo para alguna familiar del francés instantes antes de que éste rematara de cabeza el esternón del italiano en aquella ya lejana final del último Mundial. Ahora, el autor de la supuesta afrenta ha desvelado su contenido en una entrevista y la cosa ha tomado el vuelo que suelen tomar las cosas en agosto, entre un huracán allí y una vaquillas aquí. El cabezazo del calvo ya estaba en la iconografía cutre de este deporte, como la cara espídica de Maradona celebrando un gol a un centímetro del objetivo de una cámara de televisión o la patada que le propinó Goikoetxea que, mira tú por dónde le ha servido a The Times para nombrarle jugador más duro de la historia, de lo que se deduce que en verano en la sección de deportes de The Times sólo trabaja el especialista en cricket. Pero volvamos a Zidane. ¿Lo que le dijo Materazzi fue lo más fuerte que le han dicho en un campo de fútbol en toda su carrera?. Seguro que no. ¿Fue lo más fuerte que habrá dicho el italiano en un campo de fútbol? Tampoco. Pero a la vista del éxito mediático de la ‘confesión’ se me ocurre que, además de los árbitros, los jugadores podrían llevar un micrófono conectado a la megafonía. ¡Tiki-taka Salinas!
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