miércoles, 19 de septiembre de 2007

Disneylandia

A seis meses de las elecciones el furor subvencionador del Gobierno de Zapatero está a punto de alcanzar su cenit. Poco importa que los antecedentes hablen de improvisación cercana a la ocurrencia, o que el ministro de Economía pierda pelo y salud cada vez que alguno de sus compañeros de Gabinete tiene una idea. No es obstáculo que la famosa Ley de Dependencia tenga algo más que problemas a la hora de llevarse a la práctica. La cruda realidad no debe ser obstáculo en nuestro camino hacia la arcadia. Ahora son las ayudas de 210 euros a los jóvenes para que puedan independizarse de sus padres por la vía del alquiler, completadas con otros 600 euros para que paguen la fianza y no les falte de nada. Esta misma combinación piso-joven, inspiró hace unos meses a la ministra del ramo aquel magnífico invento de las viviendas de treinta metros de las que, por cierto, nunca más se supo. Esto en cuanto a la planta joven. En la sección bebé y niños, ya nos han ofrecido 2.500 euros por cada recién nacido y, a modo de lógica continuidad, una completa asistencia buco-dental, gratis total, por supuesto. Y en menos de nada, ya lo verán, le tocará a la sección de la tercera edad, que las pensiones siempre han dado mucho juego en las urnas. Ahora queda por comprobar si tales ayudas sirven de verdad para algo más que para que el Gobierno que las apruebe pase por ser modelo de socialismo y garante del tan depauperado estado de bienestar. No sé, a ciencia cierta, si un joven que vive tan ricamente en casa de sus padres se animará a alquilar un piso porque le regalen 210 euros, o si una pareja de mileuristas dará el paso de tener un hijo al calor de la subvención. Menos da una piedra, me dirán, y dirán bien, pero esto de pretender convertir el país en Disneylandia no me acaba de convencer.

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