Un senador republicano del estado de Idaho se ha visto obligado a dimitir tras acusarle la Policía de haber intentado mantener relaciones homosexuales en los servicios de un aeropuerto. Al parecer, el senador intentó ligar en el water con un policía de paisano que estaba allí a la espera de cazar a algún homosexual incauto. Cabría plantearse la pregunta de porqué la Policía se dedica en EE.UU. a tender trampas a los homosexuales, e inmediatamente habría que responder que en muchos Estados de la Unión la Policía se dedica a detener a quienes practican o pretenden practicar sexo fuera de su domicilio, independientemente de su orientación sexual, porque tales conductas son ilegales. Que se lo digan sino a Hugh Grant, el actor al que pillaron en su coche en compañía de una prostituta. A Clinton sus famosos devaneos con una becaria le costaron su salida de la Casa Blanca, así que no es de extrañar que al senador le cueste el cargo su pretensión de ligar con un policía. En su caso, concurre además el agravante de hipocresía, aunque no esté contemplado en ningún código penal del mundo. El senador Craig siempre había destacado por su posición puritana en asuntos de sexo. Votó contra las uniones civiles de parejas homosexuales, contra la posibilidad de que gays y lesbianas ingresaran en el Ejército y contra el aborto. Y en un país donde la mentira, principalmente cuando se trata de asuntos de bragueta claro, se paga muy cara, la carrera del senador Craig está más que acabada. Que tenga que dimitir por homosexual, por mentiroso o, lo que es más probable, por ambas cosas a la vez, es una simple cuestión de matiz. El debería de saber que en su país algunos tipos de misiles hay que cogérselos con papel de fumar.
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