lunes 3 de septiembre de 2007

Síndrome

Creía que no iba a llegar pero ya está aquí. Me refiero a septiembre y con él la vuelta al trabajo. Es posible que ahora mismo esté sufriendo un malestar general, que sienta una cierta melancolía que no oculta algo así como un leve impulso homicida dirigido hacia quienes le rodean. Usted sufre lo que ahora llaman síndrome postvacacional, que es una forma de llamar a la galbana de toda la vida de una manera que suena más científica. La palabra síndrome, como estrés, tiene gran predicamento en la sociedad actual. El cansancio que provocan la rutina y el aburrimiento, la mala gaita que generan los jefes o el patoso que no ha arrancado a tiempo en el semáforo, antes nos cabreaban y ahora nos estresan. Pero es normal que vivamos estresados si antes en verano sólo sufríamos un calor que se caen las moscas y ahora nos tenemos que enfrentar a una ola de calor cada quince días más o menos. Eso sin contar las alarmas de todos los colores que nos ponen en guardia cuando llueve una semana o cuando deja de llover siete días. Estoy esperando el día en el que alguien me diga que sufre síndrome postfestivo en lugar de decirme que lo que tiene es resaca. Claro que cuando eso ocurra no le diré nada y pondré cara de preocupado, no vaya a ser que mi interlocutor se traumatice, que es otra cosa que también se lleva mucho últimamente. Hasta es posible que usted mismo, en este momento, esté a punto de traumatizarse en cuanto se de cuenta de que sufre nada menos que síndrome postvacacional. No haga caso. Tiempo tendrá de estresarse de verdad con las alarmas de gota fría que le esperan de aquí a octubre y si sus nervios aguantan, espere a enfrentarse a las olas de frío polar que sin duda llegarán a continuación. Y_no le recuerdo lo del Euribor porque no quiero ensañarme el primer día.

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