lunes, 26 de noviembre de 2007

Conductores colocados

La Ertzaintza ha inaugurado este fin de semana los controles de carretera que buscan algo más que alcohol en el organismo de los conductores y los periódicos publican hoy los primeros resultados anunciando que uno de cada cuatro controlados ha dado positivo "por consumo de drogas". Habrá que achacar la inexactitud a la indolencia de los periodistas del turno de domingo y a la proverbial falta de espacio para titular con más precisión. Hagamos un ejercicio de comprensión para entender que no les haya cabido "...distintas del alcohol", a continuación de la palabra drogas.
Pero no es la pulcritud de los titulares lo que preocupa de la noticia. A fin de cuentas, los periodistas escriben para sus lectores y estos, en su inmensa mayoría distinguen entre alcohol y drogas o, lo que es lo mismo, siguen sin identificar el alcohol como una droga. Lo peor de la noticia es que uno de cada cuatro conductores haya dado positivo en los controles pese a que estos estuvieran sobradamente anunciados y hasta publicitados a lo largo de los días previos. O la gente pasa de todo o no lee los periódicos ni escucha la radio. De otro modo no se entiende que se expongan con tanta alegría a una multa de 600 euros y a la pérdida de seis puntos.
Es grave que uno de cada cuatro conductores esté en la carretera con un colocón de cuidado, conseguido mediante cigarritos de la risa, rayas de coca o pastillas de cualquier color, porque a esos hay que añadirles a los que van puestos a la manera tradicional, o sea, a base de bebedizos de diversa graduación y que, según estadísticas al uso, suelen ser algo así como uno de cada diez de los que se sientan al volante, lo que hace una suma importante de gente manejando unas máquinas muy peligrosas sin estar en sus cabales.
A la vista de los primeros resultados, la iniciativa de la Ertzaintza ha sido todo un acierto. Otra cosa será que sirva de algo. Como tampoco creo que vaya a servir de mucho la nueva Ley que entrará en vigor el próximo puente de la Constitución para enviar directamente a la cárcel a aquellos conductores que circulen a determinadas velocidades o bajo la influencia de cualquier clase de droga. Los coches tienen una propiedad que nunca nos enseñan en los anuncios: la de convertir al peatón más sensato en el conductor más estúpido.

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