miércoles, 31 de marzo de 2004

Menos mal que hablan de ponerse a hablar

HAY UNANIMIDAD A LA hora de calificar estos momentos que vivimos como los que preceden a un gran cambio. Menos el PP, que sigue en lo suyo, el resto del arco político habla y no calla de diálogo, de entendimiento, de consenso y de una nueva oportunidad para encontrar la fórmula magistral que nos permita vivir en una especie de Disneylandia. Hablan de que tienen que hablar, pero en cuanto se ponen a hablar dicen más o menos las misma cosas que decían hace tres semanas. La única novedad es que al PSOE le toca ahora jugar el papel de defensa central (y nunca menor dicho lo de central) que despeja al patadón todos los balones que le caen desde los extremos, mayormente desde Catalunya y Euskadi. Habla Maragall de una relectura de los textos fundamentales y sale al cruce Pepiño Blanco diciendo que eso se limita a reformar el Senado y punto, lo que a Miren Azkarate le parece una nueva versión del «ordeno y mando» de estos últimos ocho años. Anuncia la Generalitat que va a suspender la Ley de Calidad de la Enseñanza y surge rauda Carme Chacón pidiendo tiempo para controlar la pelota en Madrid. Pero antes de que toque suelo, Anjeles Iztueta anuncia que en la CAV no sólo se va a suspender también esa Ley, sino que se redactará otra más acorde con Europa y con la especificidad vasca. Trata el PSOE de consensuar un reparto de cargos en el Congreso y en el Senado dando cabida a los partidos más pequeños, de forma que todos estén y se sientan representados y salta el PP, con Zaplana en plan ariete diciendo que de eso, ni hablar, que los cargos se reparten sólo entre los dos grandes y que se ande con ojo Zapatero con los periféricos, a lo que Aznar añade que al nuevo presidente le falta madurez. Y tal vez por centrar el debate, reaparece Joseba Egibar y define la concepción de Estado que a su juicio tiene el PSOE como «centralista y jacobina», además de ser «lo más retrógrado que se puede presentar como modelos organizativos en una Europa que s e construye». Para empezar a hablar, no está nada mal. Las cosas, como son.
Y EN MEDIO DE TANTO barullo y ganas de hablar, contrasta el atronador silencio con el que demócratas de toda la vida, defensores de los derechos humanos en la Patagonia, contrarios a la guerra de Irak y buscadores de la verdad en vísperas de la jornada electoral, han recibido la noticia de que cuatro ciudadanos vascos se han pasado dos años en la cárcel acusados de un asesinato que no cometieron. Miren Azkarate, como portavoz del Gobierno vasco sí que elevó la voz para exigir al CGPJ que se investigue la actuación de los jueces que han intervenido en este caso, mientras que la Dirección de Derechos Humanos cuestionó el proceder de los policías que tan hábilmente interrogaron a una detenida hasta lograr que confesara algo que no había hecho. En el cine hemos visto muchas veces a policías tan amantes del diálogo que son capaces de hacer hablar a un mudo. Pero todos sabemos que esas cosas sólo pasan en el cine...
OTRO QUE HABLÓ AYER después de un silencio prolongado fue el ministro de Interior Acebes, que compareció para hacer balance de la operación contra los autores de la masacre del 11-M. Ya hay veintitrés detenidos y la investigación apunta al Grupo Islámico Combatiente Marroquí aunque, «no se descartan otras líneas», claro.

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