He vuelto a ver Ama Lur cuarenta años después gracias a la reedición en formato DVD que han hecho los de EKHE. En estos casos lo correcto suele ser referirse a la 'magnífica' reedición del paquete DVD-libro, pero un par de erratas en el texto, impiden la utilización del adjetivo. Lo de las erratas y los medios de comunicación vascos, sean periódicos o televisiones, merece un estudio serio. De todas formas, los de EKHE merecen una felicitación por su iniciativa de recuperar y divulgar la obra de Basterretxea y Larruquert cuando están a punto a cumplirse cuarenta años de su estreno.
Recuerdo perfectamente la primera vez que vi la película aunque yo entonces era un niño. Recuerdo la sala, la expectación que había despertado y un cierto desencanto al finalizar el pase. Yo era un niño pero desde días antes los adultos hablaban de aquella película de la que se decía que se veía una ikurriña y que hablaban en euskera, con una excitación y una curiosidad especiales. Nadie entendía cómo no la habían prohibido y nadie estuvo seguro de que finalmente podría verla hasta que se apagaron las luces. La ikurriña apenas se adivinaba en un plano lejano de unos pocos segundos y el euskera que utilizaban era casi incomprensible para los habitantes de un pueblo de la costa de Bizkaia. En cuanto al contenido, para nosotros fue una especie de documental, sin acción, argumento, ni diálogos, nada que ver con las películas americanas que veíamos, una sucesión de planos de algunos lugares que conocíamos como Arantzazu, Lekeitio, Bilbao o nuestro propio pueblo, alternando con otras imágenes de hechos culturales o folclore que nos resultaban tan lejanos como desconocidos. No eramos unos intelectuales que pudieran captar el mensaje de los autores y salimos del cine entre aburridos, los niños, y perplejos, los adultos. Pero el mero hecho de que ahora recuerde todo aquello indica la huella que me dejó aquel acontecimiento.
Cuarenta años después he querido repetir la experiencia viendo la película junto a mi hija que ahora tiene aproximadamente la edad que tenía yo entonces, para observar su reacción. Ama Lur me ha servido para comprobar que el casi medio siglo que ha pasado desde su estreno ha adquirido para nosotros una magnitud de años luz. Aquel niño de un pueblo de la Euskadi costera de hace cuarenta años y la niña de la Euskadi urbana de hoy son dos individuos pertenecientes a dos universos diferentes pese a que medie entre ellos tan solo una generación.
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