lunes, 24 de diciembre de 2007

Cuando el dolor y la felicidad viajan en el mismo vagón

Hoy he podido contemplar dos de las muchas caras que tiene la Navidad, y con muy poquitas horas de diferencia. Por la mañana me ha tocado ir a un centro comercial a sumergirme en algo muy parecido a la tercera guerra mundial, al mismo tiempo que miles de personas ansiosas de hacerse con su porción de felicidad, incluso a precio de oferta, llévese tres por el precio de dos, y me he visto rodeado por esos miles de conciudadanos estresados manejando sus repletos carros de la compra con la furiosa alegría con la que los adolescentes conducen los autos de choque en las ferias, esos que embisten a quien se les ponga por delante con una sonrisa entre divertida y retadora. La Navidad oficial en todo su esplendor. Cuánta felicidad, cuántos buenos deseos, incluso alguno sincero, al ritmo de las campanillas de los villancicos y las cajas registradoras.
Por la tarde he estado en un hospital. Una persona muy allegada lo está pasando realmente mal y los que le queremos sufrimos con ella aunque todos, ella y nosotros, procuramos esconder nuestro dolor físico y moral detrás de una sonrisa. También es Navidad en el hospital. Pero allí los compradores compulsivos nos volvemos personas que no necesitan aparentar la felicidad que en ese momento no tenemos, ni siquiera comprando tres porciones al precio de dos.
Más tarde he ido a oir cantar a una todavía un ligero olor a hospital en mi ropa mientras la artista disfrutaba en el escenario. La vida, la edad, el eslabón que ocupas en la cadena familiar, te obliga a veces a convertirte en tapón que corte los vasos comunicantes entre el dolor y la felicidad sin que por ello se rompa la cadena. No me da la gana de ponerme melancólico y no lo voy a hacer. A veces el dolor y la felicidad viajan en asientos contiguos del mismo vagón y hay que saber compartir el viaje. Es la vida. O eso creo.

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1 comentarios:

Iñaki Murua dijo...

He pasado hace unos años por una experiencia similar, Juan Carlos, y, una vez más, das en el clavo con tu comentario.

Feliz navidad, o, como comento en mi blog, que tengas suficiente.

Un fuerte abrazo.