El asunto no es baladí porque entra de lleno en el terreno no sólo de los sentimientos sino de la política. Para empezar, tienen razón los que se quejan del cambio de nombre, por la forma en la que se ha tomado una decisión tan trascendente. No se puede cambiar la denominación de toda una selección después de setenta años, sólo porque lo sugieran algunos jugadores, y mucho menos anunciar tal cambio en una rueda de prensa y con el mismo enfoque que se le da al cambio de diseño de las camisetas. La selección de Euskadi, entonces con zeta, fue una iniciativa de tiempo de guerra cuando después de la experiencia de algunos partidos benéficos, como alguno jugado en San Mamés para recaudar fondos para la compra de un avión para el ejército vasco, un grupo de jugadores profesionales mayoritariamente del Athletic, pero también de los otros equipos vascos, se organizó para realizar una gira en la que deberían jugar una serie de partidos con objeto de recaudar fondos. Aquella gira que tuvo en los partidos jugados en la URSS sus momentos más memorables, acabó en México donde, terminada ya la guerra, y ante la imposibilidad de regresar, el equipo llegó a disputar varias temporadas la Liga de aquel país, y algunos de sus futbolistas acabaron jugando como profesionales en escuadras punteras tanto de México como de Argentina.
Hasta aquí la historia. La realidad actual es que se ha abierto un debate nada inocente entre los términos Euskadi y Euskal Herria que ha alcanzado a la selección, como no podía ser de otra forma por la carga simbólica que contiene. Resumiendo mucho, desde el nacionalismo se defiende el neologismo que inventó Sabino Arana como la denominación de la patria de los vascos, mientras que desde otros sectores abertzales se sostiene que, a día de hoy, Euskadi es sólo la denominación de los tres territorios que forman la Comunidad Autónoma y deja fuera a los otros territorios vascos, englobados mejor en un concepto cultural prenacionalista como es el de Euskal Herria. El nacionalismo ya tuvo que aceptar a regañadientes el cambio de Euzkadi, con zeta, como escribió Sabino, por Euskadi, con ese, consolándose con el mantenimiento de la zeta en la denominación de sus órganos internos como el EBB, pero no está por la labor de perder esta nueva batalla lingüística.
Euzkadi, Euskadi, Euskal Herria... los vascos seguimos sin ser capaces de ponernos de acuerdo ni para decidir cómo nos llamamos.
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1 comentarios:
¿Qué será más importante, la parte sustantiva o la adjetiva de la cuestión? Porque igual esa discusión sobre el nombre (el árbol) no deja que lleguemos al fondo de la cuestión (el bosque: selección por qué y para qué...)
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