
El cura de Cintruénigo, Bibiano Esparza, aquí al lado en la foto de Diario de Navarra, ha empezado una cruzada contra Papa Noel. Los voluntarios pueden apuntarse en la parroquia comprando un cartel con la imagen del Niño Jesús para colgarlo en el balcón de su casa. Ha dicho el cura que ya está bien de vernos invadidos por símbolos de culturas ajenas que lo único que hacen es invitarnos a consumir, en lugar de propiciar el necesario recogimiento para rezar y recordar en familia el misterio de la Navidad. La mayoría de la gente cree que el misterio de la Navidad es cómo somos capaces de sobrevivir cada año a tanta celebración y tantos buenos deseos, por eso el cura de Cintruénigo nos quiere sacar del error y nos vende unos pancartones con un Niño Jesús que parece sacado de aquella película, 'Cariño he agrandado a los niños'.
El cura de Cintruénigo le ha declarado la guerra a ese invasor gordo y barbudo, vestido con un pijama rojo que se ha ido haciendo más presente cada año hasta acaparar casi todo el paisaje navideño. Por si no teníamos bastante con verlo en los centros comerciales y en los escaparates, ahora ya no hay fachada en la que no haya varios de ellos colgados de los balcones con el saco al hombro, como dibujaban al caco Bonifacio en el Tebeo. El cura de Cintruénigo no ha dicho nada del Olentzero, que también es gordo y lleva saco al hombro, no sé si porque todavía no se ve mucho en su versión robo con escalo (habrá que enviar un modelo a los chinos para que lo produzcan en serie) o porque no lo considera invasor propiamente dicho, sino uno de los nuestros.
Lo que me tiene preocupado a la vista del sentido estético del cura de Cintruénigo y el arrojo que demuestra en la defensa de sus valores religiosos, es qué imagen nos propondrá colgar del balcón el año que viene para defendernos de la invasión de Halloween. Miedo me da.
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