Ante la evidencia de lo inevitable, el ministro de exteriores español, Moratinos se ha apresurado a proclamar que el caso de Kosovo nada tiene que ver con España. El ministro no quiere que vascos o catalanes tomen al nuevo país balcánico como ejemplo ni referencia para apuntalar sus reivindicaciones. ¿A qué viene la puntualización de Moratinos?. ¿Tan poco se fía de sus convicciones sobre la inmutabilidad de las fronteras patrias?.
Veamos si Kosovo y Euskal Herria tienen o no tienen mucho o nada que ver. Kosovo no ha tenido entidad política o territorial hasta 1945, cuando la Segunda Guerra redefinió las fronteras centroeuropeas. No obstante, esa entidad política no pasó de ser una parte de Yugoslavia primero, y una provincia de Serbia después. De hecho, los kosovares han pasado a lo largo de su historia por muchas y variadas manos. Allí han mandado desde Roma hasta Serbia, pasando por bizantinos, búlgaros, otomanos, montenegrinos, albaneses y hasta italianos. Tiene razón pues Moratinos. Kosovo no tiene nada que ver con Euskal Herria. En efecto, Kosovo nunca ha sido independiente, cosa que no se puede decir del Reino de Navarra, por ejemplo.
Hay sin embargo características que kosovares y vascos comparten y que curiosamente los muchos moratinos que habitan en España suelen usar para reafirmarse en la idea de la inmutabilidad de las fronteras celtibéricas. El tamaño, por ejemplo, que a algunos-as, les importa mucho como demostró en su día María San Gil despreciando a Luxemburgo por la superficie de su territorio en favor de España, ¡hombre dónde va a usté a parar!. Efectivamente Kosovo y Euskal Herria no sólo son dos territorios pequeños, sino que apenas disponen de recursos naturales, lo que siempre ha impulsado a los españoles de buena voluntad y a algún nacionalista vasco a desaconsejar cualquier veleidad independentista no sea que nos muramos de hambre o nos veamos condenados a comer berzas de por vida.
También constituimos dos sociedades plurales. Serbios y albaneses en Kosovo, y una macedonia de sensibilidades, sentimientos de pertenencia e ideologías, aquí, que se resumen en dos: nacionalistas vascos y nacionalistas españoles. Dos sociedades plurales, en pleno corazón de Europa, con dos idiomas oficiales y una moneda común, el euro. En contra de lo que dice Moratinos, parece que sí que existen algunos puntos en los que los vascos, o los catalanes, podrían identificarse con los kosovares. Y no vale decir que allí la mayoría albanesa, que alcanza el 80 por cien, desequilibra la pluralidad. ¿Dónde quedan entonces los derechos de la minoría serbia? ¿y dónde el caracter de cuna de Serbia que se adjudica a Kosovo?.
Mirémoslo desde otra perspectiva. Cuando la UE ha dado luz verde a la independencia de Kosovo, los únicos que han dicho que eso no tiene nada que ver con ellos son los chipriotas, que tienen parte de su territorio invadido por Turquía, y Moratinos. No es exactamente aquello de 'excusatio non petita...' pero se le parece. ¿O no?.
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