Más de una vez, cuando me han pedido, digamos que 1,25 por un café cortado, he tenido que reprimir el impulso primario de responder: "¿a que no tienes huevos de pedirme 208 pesetas?.
Suena duro que el ministro de Economía diga que los ciudadanos somos unos 'piernas' que no sabemos lo que vale el dinero que manejamos, pero hay que admitir las verdades aunque duelan. A base de dárnoslo todo hecho nos hemos vuelto tan perezosos que ya no nos molestamos ni en calcular lo que nos cobran. Estamos tan inermes que no sabemos lo que pagamos y, lo que es peor, parece que no nos importa. Eramos todos tan ricos y estábamos tan acostumbrados a hablar de miles o de cientos de pesetas, que cuando nos piden cinco euros por algo, nos parece barato. Eso por no hablar de los céntimos, que ya empezamos a despreciar en nuestra lejana infancia. ¿Nos van a venir ahora a decir que miremos los céntimos?. Vamos, anda ya.
Todavía recuerdo las revueltas populares que se producían en mi pueblo cada vez que los taberneros amenazaban con una subida del precio del 'txikito', las llamadas a la acción unitaria de las cuadrillas, las convocatorias de boicot contra aquellos usureros que pretendían hacerse ricos vendiendo vino, y las oscuras maniobras para fomentar la división entre los que querían subir el precio y los que preferían mantenerlo. Claro que eran tiempos de dictadura y la sociedad tenía una capacidad de organización que le valía lo mismo para montar una semana pro amnistía que para protestar por el precio del vino peleón.
Ahora nos hemos vuelto perezosos, y conceptos como solidaridad u organización nos suenan a cosa de ONGs. Y así nos luce el pelo. Pagamos resignados lo que nos piden y nos autoengañamos pensando que una moneda de euro es lo mismo que una antigua moneda de cien pesetas. Nos lo tenemos merecido.
Pero a Solbes, además de darle la razón, se me ocurre preguntarle por qué desde su ministerio no han organizado campañas educativas y de concienciación para explicarnos cuánto vale un euro. ¿No se han dado cuenta de que una sociedad infantilizada como la nuestra necesita que la lleven de la mano?.
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