En Jaén un tipo ha sido condenado a un año y cinco meses de prisión por liarse a bofetadas con toda su familia, incluida la política, por la posesión del mando a distancia del televisor. Aquí se puede leer la noticia entera, pero a modo de resumen se puede decir que el tipo le arreó un bofetón a su hijo porque le quitó el mando a distancia, que a saber qué era eso tan interesante que estaría viendo el pobre animal, y cuando sus suegros fueron a ejercer su papel de abuelos defendiendo al nieto, se llevaron otra ración de guantazos, que sólo acabó cuando hizo acto de presencia la esposa de la bestia y madre de la criatura que, como siempre ocurre en estos casos, acabó llevándose la peor parte, golpeada reiteradamente contra un barandilla. La nota de agencia no dice si finalmente el tipo pudo seguir viendo tranquilamente la televisión sin que nadie le tocara las narices con el mando, pues bueno es él con sus cosas.
En Málaga, una madre de cincuenta y un años ha denunciado a su hija de veinte porque la mantiene encerrada en una habitación con una dieta de una pieza de fruta al día. Aquí está el relato completo. A modo de resumen sólo se puede decir que la policía local se encontró cuando llegó al domicilo con eso que el moderno lenguaje políticamente correcto califica como familia desestructurada.
Siempre que me encuentro con noticias de este tipo pienso si sus protagonistas no fueron un día personas normales a las que por nada del mundo se les ocurriría dar una paliza a toda su familia por un mando a distancia, o encerrar a la madre que la parió (y la alimentó, la vistió y la cuidó...) por no se sabe qué razón. Si nacieron con un gen extra de violencia, o si las estrecheces habitacionales, que diría la ministra, el hartazgo, las desilusiones, la vida en fin, sacaron a relucir la bestia oculta tras un aspecto humano.
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