Confieso que no estoy entre las mil personas que más se fijan en los escaparates, ni siquiera entre las diez mil, pero tengo que confesar que de un tiempo a esta parte, no deja de llamarme la atención un nombre que me encuentro cada vez con mayor frecuencia: Outlet. No podía ser de otra manera. Hoy en día no eres nadie si no tienes un nombre anglosajón, y no importa que si preguntas, nadie sepa explicarte con precisión el significado de la palabrita. Claro que a estas alturas, pretender que alguien te traduzca el significado de una palabra en inglés es como confesar que eres un analfabeto funcional. Así que tiras de tu capacidad deductiva y llegas a la conclusión de que cuando ves un cartel que dice outlet significa que lo que venden es algo que está pasado de moda y, por lo tanto, está diez, veinte, o sesenta veces más barato que su precio original. Y teniendo en cuenta que en la sociedad actual las cosas pasan de moda en cuestión de horas, tenemos que nos encontramos ante una nuevo invento para sangrarnos los bolsillos y, de paso, recordarnos lo ingenuos que somos pagando diez, veinte o sesenta veces más de precio cuando nos dicen que estamos comprando la última moda. A uno, en su ignorancia, le da la impresión de que la proliferación de los outlets no deja de ser la consecuencia lógica de un estado de cosas insostenible con ínfulas cosmopolitas. O sea, la traducción al román paladino, por mucho que la palabrita venga en inglés, de un sistema económico basado en la apariencia y en el dar pedales a la desesperada, porque si dejas de hacerlo, la bici se cae;_en disfrazar de fashion, de cool, y de todas esas zarandajas, los saldos de toda la vida para poder ir tirando. En definitiva proclamar esto va bien, que traducido quiere decir algo así como que Dios nos coja confesados.
Menéame 
Technorati:
outlet 
GBookmarks:
marcar