La sentencia no ha hecho sino fijar las posiciones que han venido manteniendo el PP y sus adláteres por un lado, y el resto del mundo por el otro. Tanto las primeras reacciones como las primeras interpretaciones de los medios afines, pintan el negro y el blanco de este asunto, sin dejar lugar para los grises. Por un lado, se destaca de la sentencia lo que para la mayoría era obvio desde el mismo 12 de marzo de 2004: que ETA no tuvo nada que ver con aquello, pese a la insistencia del entonces ministro de Interior Acebes y toda la cúpula del PP, empeñada en una suerte de cara o cruz electoral, en el que si salía la cara de la conexión vasca en el atentado Rajoy renovaba la mayoría absoluta que le dejaba Aznar, pero en el que si salía la cruz de la relación del atentado con el mundo islámico y la presencia española en Irak, la sociedad española se cobraría su factura en las urnas, como sucedió, porque las mentiras que con tanto empecinamiento se propagaron desde el Gobierno, lejos de calar en la opinión pública, pusieron en evidencia el carácter del PP. Por el otro lado, quienes durante más de tres años han venido sosteniendo la teoría de la conspiración, se refugian ahora en un último argumento, que no es otro que el Tribunal no ha conseguido establecer la 'autoría intelectual' del atentado. Es el último clavo ardiendo al que se aferran el PP y sus propagandistas. La intervención de Rajoy anunciando que el PP respaldará cualquier investigación en este sentido preludia nuevas 'exclusivas' que tratarán de situar esa 'autoría intelectual' donde siempre le hubiera gustado al PP que estuviera. Al tiempo. Zapatero ganó las elecciones con los cadáveres de los trenes madrileños aun calientes y cuatro años después el PP va a conseguir que la legislatura se cierre sin que los muertos puedan descansar en paz.
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