Los jóvenes vascos pasan de la política y desconfían de los políticos, a los que acusan de no ser sinceros, según la encuesta a la que han respondido a instancias del Gobierno de Gasteiz. Y hablamos de unos jóvenes que forman parte de la sociedad probablemente más politizada del Estado, como es la sociedad vasca. No hay que ser un experto para deducir que los jóvenes de otras latitudes de la península pasarán, todavía más que los vascos de todo lo que les suene a política, salvo aquellos vocacionales de la recalificación y el ladrillo que estarán pensando en hacerse con un puestito en las listas de la próximas elecciones.
La desconfianza, cuando no el desprecio puro y duro hacia la clase política, alcanza también a los adultos, muchos de ellos defraudados por la pérdida de los ideales de la juventud, la suya y la de esta democracia a cuyo nacimiento asistimos tantos tan esperanzados. Hace ya muchos años que la palabra desencanto estuvo de moda.
Algo habrá que hacer para que la Política, con mayúsculas, recobre el prestigio perdido. Son más los concejales honrados que los que meten la mano en la caja, muchos más los alcaldes que trabajan sinceramente por el bien de su ciudad, de su pueblo, de sus convecinos, que los que lo hacen para los promotores inmobiliarios, pero no son pocos los que un día se subieron al coche oficial y ya no se han bajado, los que van saltando del cargo interno en el partido al cargo oficial en la institución correspondiente y tiro porque me toca, sin que ninguno de ellos haya acreditado alguna capacidad profesional especial, ni un arrojo digno de admiración en los años oscuros del franquismo, cuando la Política, con mayúsculas sí era cosa de valientes. Y los hay que como Zaplana proclaman sin empacho que ellos han venido a la política a hacerse ricos.
Da mucha pena y mucho asco que en apenas treinta años los ideales de muchos se hayan ido a la basura por culpa de unos cuantos aprovechados. Algo habrá que hacer, pero si la juventud pasa de todo esto, tendremos que reconocer que los que quieren una sociedad idiotizada para manejarla a su antojo nos están ganando la partida.
Por cierto, para los jóvenes vascos la televisión es el medio de comunicación más fiable.
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