No tenemos remedio. Esta misma semana un padre de familia de 44 años ha muerto aplastado por una hormigonera que se saltó la mediana después de recorrer dando tumbos unos cuantos kilómetros de uno de los tramos más transitados de la A-8 en la periferia de Bilbao. La Ertzaintza comprobó posteriormente que su conductor llevaba en el cuerpo medio vademécum de narcóticos y drogas diversas. Según las propias palabras del delincuente, se había dado "un homenaje" que los expertos médicos calculan que celebró instantes antes de hacerse con el volante, por la rapidez con la que las drogas detectadas causan sus efectos y desaparecen del escrutinio de los análisis.
Anoche en Vigo un matrimonio de unos cincuenta años ha fallecido tras chocar de frente su modesto Citroen con un BMW que venía desbocado haciendo una carrera con un Audi en una de las calles más transitadas de la ciudad. La Policía Municipal cree que no se trataba de una carrera ilegal, propiamente dicha, sino de un 'pique' a la salida de un semáforo. Los análisis practicados a los dos autores de la fechoría no desvelan presencia de alcohol ni narcóticos. Son dos imbéciles naturales, sin necesidad de estímulos exógenos.
Las últimas imágenes hechas públicas por la DGT para concienciar a los conductores ponen los pelos de punta. La legislación que regula las infracciones de circulación se ha ido endureciendo progresivamente hasta llegar a considerar como delitos penales algunos comportamientos que hasta ahora se saldaban por la vía administrativa, pero se ve que todavía hay gente que no se da por aludida.
Soy de los convencidos de que las campañas de concienciación y la educación cívica son, a la larga, la solución más eficaz para cualquier problema. También soy de los que creen que todo el mundo merece una segunda oportunidad. Pero hay circunstancias que me hacen dudar de mis propios principios.
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2 comentarios:
No coincido contigo en lo de las campañas. Lo de la segunda oportunidad... hmmm, creo que sí, porque nadie está libre de hacer una memez, aunque en los casos que citas, me cuesta pensar que yo la daría.
Es triste, pero sólo se me ocurre la mano dura con quien utiliza el coche como un arma homicida.
Y sería duro también con los hipócritas autojustificadores que, cuando salen los datos de muertes en el asfalto tienen los santos bemoles de decir que es por culpa de lo mal que están las carreteras.
A mí al menos las campañas más duras de la DGT, las que han rozado el género gore, me han impactado bastante aunque puedo admitir que si se repiten pierden eficacia.
Estoy convencido de que los protagonistas de estos dos casos no es la primera vez que hacen algo parecido así que ellos ya desperdiciaron su oportunidad, aunque probablemente no se hayan enterado.
Lo que no puedo entender es cómo puede haber todavía gente tan inconsciente al volante. Y no me refiero sólo a estos asesinos sino a los que no se ponen el cinturón, los que llevan a un niño en el asiento del copiloto, los que no llevan sillitas especiales para bebés en el asiento de atrás y tantos otros que se ven por las carreteras
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