Confieso mis dudas sobre el llamado deporte paralímpico. No acabo de tener claro si estoy ante un admirable ejemplo de superación del ser humano, como afirma todo el mundo que conozco, o frente a un ejercicio que atenta contra la lógica. Me descubro ante el afán de superación de personas a las que la vida ha maltratado causándoles desastres en su físico, bien desde el nacimiento, por accidente o con la colaboración de la enfermedad. Pero no puedo evitar una sensación contradictoria cuando les veo.
El sudafricano Oscar Pistorius es la encarnación de esa contradicción mía. Pistorius es ese velocista que corre sobre dos prótesis de fibra de carbono y que acredita tiempos homologables a los mejores velocistas del momento. La Federación Internacional de Atletismo (IAAF) le ha prohibido participar en los próximos JJ.OO de Pekín porque, según un estudio, el atleta puede alcanzar el mismo rendimiento que sus rivales con un 25% menos de esfuerzo gracias al funcionamiento de sus prótesis.
Hablar de prótesis en el caso de Pistorius es encerrarnos en un formalismo. En realidad, esas dos piezas de fibra de carbono (20.000 euros el par) son sus tibias y sus peronés, sus tobillos, sus tarsos y sus metatarsos, desde que cumplió los once meses de edad. Nació sin ninguno de esos huesos. Ahora tiene veintiún años. Antes de ser atleta ha jugado al rugby en su país y ha practicado waterpolo y natación.
Al corredor biónico se le ha quedado corto el deporte paralímpico, donde ostenta los records mundiales de 100, 200 y 400 lisos pero ya no le dejarán medirse con rivales de carne y hueso. En el vídeo de aquí arriba podemos verle quedar segundo en la final B de la Goldean League del año pasado.
Más o menos la IAFF ha venido a decir que Pistorius corre con ventaja. ¿Significa que si las prótesis fueran menos eficaces le hubieran dejado?. Más bien estoy por pensar que el organismo que regula el atletismo mundial teme que la presencia de 'blade runner' incite a otros a seguir el ejemplo.
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