miércoles, 2 de enero de 2008

En el fondo todos somos monárquicos

Me anticipo a los lamentos y quejas que sin duda menudearán este fin de semana cuando nos caiga el chaparrón de almíbar durante la celebración del open europeo de genuflexiones y besamanos que se celebrará con motivo del septuagésimo aniversario del suegro de Letizia, para proclamar que todos los quejicas y presuntos republicanos son-sois, en realidad, unos monárquicos contumaces.
In illo tempore, cuando los equipos de fútbol tenían una sola camiseta reconocible y no la colección de disfraces para merchandising que tienen ahora, y la ropa interior masculina era toda blanca (Abanderado) corría el chistecillo de que los aficionados al fútbol mucho bla, bla, bla de boca para afuera, pero todos del Real Madrid en el fondo de sus entretelas.
Algo parecido podría decirse ahora del personal en general después de echar un vistazo por nuestras abarrotadas calles y centros comerciales. Mucho Olentzero y mucho bla, bla, bla republicano, pero lo que nos priva es el lujo y el oropel monárquico. Melchor, Gaspar y Baltasar siguen siendo los reyes en esto de practicar la elegancia social del regalo.
Los Magos de Oriente no han cedido un centímetro de aceptación social y hasta las autoridades lo han entendido así. Mientras el pobre Olentzero se pasea por nuestras calles casi en la clandestinidad y en algún caso como el de Iruñea, en libertad bajo fianza, los Reyes Magos llegarán en multitudinario y multitelevisado desfile, con cierre al tráfico rodado de las principales vías de las ciudades, presentación previa en salones municipales y entrevistas en medios de comunicación locales.
Si tuviéramos que traducir a lenguaje demoscópico esta disyuntiva, obtendríamos que son inmensa mayoría los que dicen sentirse tan vascos como españoles porque, y esa es otra, los Reyes no han cedido un ápice pese a que los avances de Olentzero e incluso Papa Noel, son más que evidentes, sobre todo entre los más pequeños de la casa, los grandes beneficiados de las contradicciones de sus mayores.
Pero no contaminemos la fantasía con nuestros problemas identitarios. Más bien creo como Rilke que nuestra patria es nuestra infancia, y los que ahora somos adultos fuimos todos fans de Baltasar, salvo algún excepcional seguidor de Melchor, y nos negamos a dejar de poner en la ventana unas galletas y unas copitas para los reyes y agua para los camellos cada cinco de enero. ¡Ah! y los zapatos bien relucientes.

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1 comentarios:

Iñaki Murua dijo...

Y monárquicos solidarios porque pagaremos "a escote" la cena de la próxima semana en, si he oído bien, el Palacio de "El Pardo". ¿De qué me suena el sitio éste?

Encima hoy, viendo TVE casualmente, decían que JC pasará su experiencia a su hijo, etc. etc. Anda que no tiene capítulos oscuros en su biografía el ínclito.

No sigo con tu tocayo, que me pongo malo.