Desde las 12.000 personas que contó Gara hasta las 50.000 del recuento oficial, cifra que dan por buena sin más discusión Deia o Público, pasando por las 35.000 que contabilizó El País, la manifestación del sábado en Bilbao, convocada por los partidos del tripartito que gobierna en Gasteiz en defensa de las instituciones vascas, tras la sentencia del Tribunal Supremo condenando a Atutxa, Knörr y Bilbao, volvió a poner de manifiesto la alegría con la que se suele contabilizar la asistencia a este tipo de acontecimientos. Pero no es de la cantidad de manifestantes de lo que quiero hablar aquí, que sería por sí mismo un buen tema de discusión, sino de las características de los manifestantes. El propio Deia, el periódico más cercano a los principales convocantes, admite en una de sus crónicas que la edad media de los que acudieron a la marcha superaba con claridad los 50 años y las fotos que publica certifican la afirmación. Dice el cronista como para justificar el dato, que fue el PNV el partido que más manifestantes aportó, lo que viene a significar el reconocimiento de que el partido nacionalista se nutre mayoritariamente de militantes que ya dejaron atrás la juventud.
Pero me temo que si llega a ser el PSOE o cualquier otro partido el convocante, la foto de la manifestación hubiera tenido igual o similar aspecto en cuanto a su composición. Las generaciones más jóvenes no están por la labor de responder a las convocatorias de los políticos, bien sea porque no se las creen o porque, definitivamente, pasan de la política. Ultimamente, a las convocatorias de la izquierda abertzale, de contrastada capacidad de movilización callejera, suele responder un perfil de manifestante que, siendo generosos, es como mucho una década más joven de media que los que salieron el sábado a las calles de Bilbao. No cuento aquí a los que se suelen sumar cuando el programa incluye la quema de cajeros y contenedores como fin de fiesta porque esos, en la mayoría de los casos, ni siquiera se suelen tomar la molestia de participar en el desfile previo, sino que suelen entrar directamente en acción cuando les toca.
Demostraciones callejeras como la del sábado ponen de manifiesto que es la generación a la que le tocó participar en primera línea en la llamada transición hace treinta años, la que sigue al pie del cañón de la consigna. Los veinteañeros de entonces, cincuentones ahora, siguen manteniendo la conciencia, la disciplina de partido o el compromiso con una idea. Y eso, los que, por una u otra razón, no han sucumbido al desencanto durante todo este tiempo. Se diría que es una generación marcada por lo que vivió en un determinado momento de su vida, la que mantiene encendida la llama de la movilización callejera o el espíritu participativo, más allá del acto de depositar el voto en una urna cada cuatro años. No hay cantera más allá de esos militantes que permanecen en las juventudes de los partidos a los treinta o más años, a la espera del puestito, o del puestazo, que justifique su militancia. No sé qué pasará dentro de una década, cuando los más jóvenes manifestantes de hoy en día hayan alcanzado ya la edad de la jubilación y estén todos en Benidorm. A lo mejor, los partidos tendrán que pensar en hacer sus demostraciones de fuerza callejera de manera virtual a través de internet, que seguro que para entonces será la Gran Vía de todos nosotros.
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No va más
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Se acabó. Los que se quieran entretener pueden seguir jugando con la
calculadora, pero pueden tener la seguridad de que las hipótesis más
favorables no se ...
Hace 4 meses
2 comentarios:
Ostras, Latxaga... Hasta que no te he leido no había caído en la cuenta. Uno se para a mirar otras cosas: cuántos son, qué les ha llevado a la calle... pero las edades...
Atentos, sociólogos, que hay aquí hay materia.
No sé por qué, pero siempre ha sido un detalle que me ha llamado la atención, y la mani del sábado debió ser muy evidente si hasta en Deia hacían mención del asunto. Y me temo que los manifestantes-militantes-movilizados de hoy en día, son los de hace treinta. La próxima vez fíjate en las fotos y ya me dirás.
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