Otro grupo de homínidos similares a los de Portugalete ha apaleado a una señora de cuarenta y tres años en Medina del Campo. La víctima salió de su casa a afear la conducta a unos jóvenes primates que estaban apedreando su puerta. La chavalería le respondió que ellos hacen "lo que les da la gana", lo que no constituye una noticia en sí misma para cualquiera que tenga trato con nuestros adolescentes, y acto seguido procedieron al apaleamiento y consiguiente grabación en el teléfono móvil. "Claro que lo estoy grabando, no te jode", acertó a oír la señora mientras la apaleaban, de lo que deduce, y teme, que las imágenes de su vejación estarán pronto, si no lo están ya, en la red de redes.
Son los dos últimos episodios conocidos de esta moda de grabar las agresiones perpetradas en manada y, generalmente, contra seres a los que los atacantes consideran inferiores, tales como minusválidos psíquicos y físicos, pertenecientes a otras razas distintas de la aria, homosexuales o similares.
Imbéciles los ha habido siempre y en todas las latitudes. La novedad es que ahora tienen teléfono móvil y la gamberrada que antaño quedaba para contar después en los futbolines o en la tasca donde vendían cigarrillos sueltos, ahora se distribuye urbi et orbe por internet para que otros semejantes la disfruten.
¿Quiere esto decir que internet es culpable de la proliferación de hechos de este tipo?. No soy ni sociólogo ni experto en la red, pero creo que no. Como mucho internet es una herramienta amplificadora que puede servir para dar ideas a quien no las tiene o puede provocar un cierto efecto emulación, como dicen que tienen las noticias sobre suicidios.
Seamos sinceros. La barrabasada contra el tonto del pueblo, institución afortunadamente en vías de extinción, el diferente o, simplemente, el más débil, ha sido siempre muy celebrada por la sociedad en general, salvo por la señora que gritaba, dejadle en paz al pobrecillo, mientras iba camino de la panadería. Incluso había días del año especialmente señalados como el de los inocentes, las fiestas del pueblo, o el de la cena de quintos. Gila era muy bueno pero no se inventaba los chistes de la nada. Tenía fuentes de inspiración.
Antes, ya está dicho, la cosa quedaba en los futbolines o en la tasca. Ahora le rapas el pelo a un impedido en Portugalete y te haces famoso en Nueva Zelanda. No hay color. Pero tenemos que admitir que no hemos avanzado en la cadena evolutiva tanto como pensamos. No hemos cambiado tanto. Como mucho, ahora tenemos teléfono móvil pero el pelo de la dehesa no nos lo acabamos de quitar de encima.
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