
A los responsables del metro de Londres les ha dado por hacer un viaje en el tiempo hasta aterrizar en el más acendrado puritanismo victoriano y han decidido prohibir un cartel anunciador de la próxima exposición de una institución tan poco sospechosa de pornógrafa como la Royal Academy of Arts. El cartel reproduce una Venus pintada por Lucas Cranach el Viejo en 1532. La figura de una mujer desnuda con una mirada un tanto pícara, les ha parecido a los guardianes de la moral de los viajeros del 'tube', demasiado provocativa y han procedido a prohibir su exhibición.
Se defienden los gestores del metro diciendo que por sus estaciones pasan cada día millones de personas de todo tipo, edad y condición moral, y que no pueden obligarles a ver cosas que les pueden resultar ofensivas. Así que se han aferrado a la normativa para la publicidad vigente en el metro, uno de cuyos artículos dice que los anuncios "no deben representar hombres, mujeres o niños de una manera sexual, o mostrar figuras desnudas o semidesnudas en un contexto abiertamente sexual".
Si se acepta que el pecado no está en la obra sino en los ojos que la miran, está claro que los reponsables del metro londinense deberían hacérselo mirar. Claro que los inocentes viajeros del 'tube' siempre les podrán agradecer el que les hayan puesto a salvo de una visión tan pecaminosa, mucho más dañina para su integridad moral que los anuncios del museo de cera de Madam Tusseauds y su cámara de los horrores, por poner un ejemplo evidente, tan abundantes no sólo en el metro sino en cualquier esquina de Londres, o los bonitos calabozos de la Torre de Londres, tan típicos y queridos por los ingleses de toda clase y condición.
Esta claro que puestos a hacer el ridículo, los asuntos del sexo y los desnudos son terreno abonado del que no se escapan ni los casi siempre ponderados y racionales súbditos de su majestad. Afortunadamente los encargados de la publicidad de la Royal Academy of Arts, han puesto en todo esto un punto de humor inglés al hacer pública su consternación por no disponer de un 'plan B' en forma de Venus vestida, que solucione el problema que les han creado los pudorosos gestores del metro.
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