Dejemos pues para Rajoy el papel de rudo fajador. Le toca en su condición de aspirante que está obligado a tomar la iniciativa si quiere conseguir algo más que el match nulo con el que el campeón dice conformarse. Tendrá que buscar Rajoy el cuerpo a cuerpo y algún golpe bajo, tal y como sus mentores se han hartado de enseñarle en estos cuatro años en el gimnasio, si quiere hacer daño de verdad a un rival que ya ha visto cómo funciona la cosa en el combate de los teloneros. A Solbes, su compañero de gimnasio, le bastó con componer la figura con la guardia alta y puntear al rival desde el centro del cuadrilátero, para conseguir que acabara parando todos los golpes con la cara. Pizarro se noqueó él solo, y aunque consiguió acabar el combate de pie perdió claramente a los puntos, según las cartulinas de todos los jueces, excepto las de Jiménez Losantos, el único que le dio ganador.
Esta noche es la gran velada y los dos púgiles llegan en su punto exacto de peso y forma. No en vano ambos se han pasado los últimos días del gimnasio a la Casa de Campo y de la Casa de Campo al gimnasio, como aquel Kid Tarao que se inventó el inimitable Tony Leblanc. ¡Segundos fuera!
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3 comentarios:
Y que no sea por falta de entrenadores
Lo acabo de ver. Ni fu ni fa. Una de las dos alocuciones finales me ha devuelto al cine español de los cincuenta-sesenta o a programas del tipo "Ustedes son formidables". No daba crédito a lo que estaba oyendo.
¿Te refieres a la historia de la niña que vivía en una casa y tenía unos papás con trabajo, JV?. Me pregunto quién de entre el numerosísimo equipo de asesores, fue capaz de perpetrar semejante cursilada. En qué manos se ponen los políticos, y en qué manos estamos todos, por la propiedad transitiva...
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