Con toda la humildad que les confiere el ejercicio de su ministerio, proclaman su respeto a quienes "ven las cosas de otra manera" (es un avance, hace unos siglos los quemaban directamente) pero no renuncia a "proponer líbremente" su manera de ver las cosas.
Y ¿cuál es su manera de ver las cosas?. Pues la que ya conocíamos a través de sus portavoces mediáticos y de la cofradía política de la que es mayordomo Mariano Rajoy con la bula de Aznar y el nihil obstat de Acebes, Botella, Zaplana, Oreja y otros "kikos", legionarios de Cristo, guerrilleros de Cristo Rey y demás organizaciones que nos traen su mensaje de paz y de fraternidad desde sus propias denominaciones.
Aunque es bien sabido, los obispos nos recuerdan de nuevo que no son partidarios de cualquier tipo de convivencia entre seres humanos(o entre peras y manzanas)que no esté de acuerdo con sus dictados. Recuérdese que ellos respetan a los que "ven las cosas de otra manera" pero eso no quiere decir que se tengan que privar de aferles la conducta. Con humildad.
No se manifiestan los prelados tan radicales como para arrojar al averno a los nacionalistas por el mero hecho de serlo, pero ellos prefieren "tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria y superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros del separatismo".
Y finalmente (last but not least) no son tampoco partidarios de negociar, dialogar, o hablar con ETA, siempre que el interlocutor no sea alguien del PP.
Se agradece la sinceridad de los purpurados españoles, aunque sea ésta de la sinceridad una virtud exigible de oficio a quienes saben que mentir es pecado y que el pecado se castiga con el fuego eterno. Amén.
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