jueves, 3 de abril de 2008

Liberales contra la libre competencia

Vamos a otorgarles el beneficio de la duda o, lo que es lo mismo, vamos a respetar su presunción de inocencia, así que guardemos los calificativos que nos pide el cuerpo para más adelante. La Comisión Nacional de la Competencia (CNC) ha abierto expedientes sancionadores contra diversas patronales de la industria alimentaria (que no alimenticia como dijo un locutor) para aclarar si dichas patronales han pactado la subida del precio de sus productos. Seis meses de investigaciones han desembocado en la apertura de expedientes a nueve patronales que controlan la producción de bebidas, harinas y sémolas, dulces y helados, pastelería, pastas, salsas y condimentos, el pollo y el pan. Todo lo que se entiende por productos básicos y que son, precisamente los que nos han puesto los pelos como escarpias con su escalada de precios a partir, sobre todo, del pasado verano.
La disculpa en todos los casos, ha sido el incremento del coste del cereal, materia prima de todos los productos elaborados afectados ahora por la investigación. Pero la CNC sospecha de las declaraciones públicas que hicieron en su día diversos portavoces de las patronales advirtiendo de una inminente e inevitable subida de los precios. Al organismo regulador esas declaraciones le suenan más a instrucciones para los asociados que a aviso para navegantes, y quiere comprobar qué hay de cierto en ello.
Por supuesto los investigados niegan la mayor, me temo que con la tranquilidad que les proporciona el saber que el proceso puede demorarse durante tres años y que los dos únicos precedentes de multas (en ambas ocasiones fue Telefónica la sancionada) han acabado anuladas por el Tribunal Supremo.
A mi no me sirve de consuelo que dentro de tres años, a los panaderos industriales les sancionen con una multa si durante ese tiempo yo he estado pagando el pan a precio de bizcocho. Nadie me devolverá el dinero pagado y, lo que es peor, seguiré financiando su posible multa con un nuevo incremento del precio.
Pero siendo penosa la sensación de indefensión, lo que resulta verdaderamente ofensivo es el proceder de estos defensores del libre mercado, exégetas de las virtudes del capitalismo y cantores del pensamiento liberal. Nos vendieron que la liberalización del mercado y el consiguiente incremento de la competencia repercutirían en beneficio del consumidor. Nos las prometimos muy felices cuando, por ejemplo, empezaron a aparecer a orillas de nuestras carreteras gasolineras de diversas marcas, y afilamos nuestro dedo corazón para mostrárselo a la insufrible Telefónica, cuando nos anunciaron la llegada de nuevas empresas de telefonía. ¿Hace falta recordar que la gasolina cuesta lo mismo en todas partes, que los pasos, expurgadas ofertas, horas felices y tarifas familiares tienen al final el mismo precio en una u otra compañía, o que las hipotecas aprietan lo mismo en todos los bancos?.
Los defensores de la libre competencia y los teóricos esos de 'el mercado pone a cada uno en su sitio y es el que establece los precios', prefieren seguir con las prácticas monopolísticas o de control propias del más feroz de los comunismos, con la diferencia de que el control lo ejercen ellos mismos. Y si a pesar de todo ganan menos dinero de lo que han calculado, corren donde papá Estado a pedir una subvención en forma de aplazamiento del pago de impuestos, o te preparan un expediente de regulación de empleo con la bendición oficial que riete tú del lumpen proletariat. Son liberales, pero no les gusta la libre competencia. Pelear en el mercado es una pesadez. Es mucho más cómodo ponerse de acuerdo. Y sobre todo, más rentable. Dónde va usted a ir a parar.

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1 comentarios:

mikel dijo...

Muy afilado el punto de vista, sí señor! Lo sospechoso es que se hayan puesto de acuerdo en toda Europa y como tienen una cabeza de turco absolutamente clara con los biocombustibles (no me creo nada), pues leña al mono que es de goma.

Digamos que han pasado del monopolio al "polipolio" pero con las mismás prácticas mafiosas porque para ellos es muy poco negativo eso de tener la berza por las hojas.