Eran los tiempos del postfranquismo o de la gloriosa, ejemplar y nunca suficientemente ponderada transición española, según se mire. Tiempos de indigencia tecnológica, cuando lo más cool era tener una televisión para ver en color a Naranjito. Qué no se le hubiera ocurrido a aquel ministro de disponer de las actuales tecnologías.
Hubiera dado el brazo derecho de un subsecretario por disponer de un aparatito que ahora mismo está haciendo furor en Francia y que ya está siendo utilizado también en Gran Bretaña, Holanda y Bélgica. Se trata de una máquina similar a un altavoz, que emite un ultrasonido a una frecuencia sólo audible por los menores de veinticinco años. El pitido es tan insoportable que acaba ahuyentando a las hordas de botelloneros, que se tienen que ir con su música y sus litronas a otra parte.
Comunidades de vecinos, comerciantes y directores de sucursales bancarias, son los principales compradores de la maquinita, que se comercializa con el sugerente eslogan "Beethoven, un sonido que dulcifica los hábitos", al precio de unos ochocientos euros.
Sin duda se trata del invento definitivo, de un concepto muy próximo al de la bomba de neutrones por la forma en la que conjuga eficacia y limpieza. Disolver a los jóvenes sin necesidad de destinar recursos policiales que tanta falta hacen para prevenir el crimen organizado y frenar la inmigración descontrolada, ni de emplear botes de humo tan molestos para los pacíficos ciudadanos, es el invento del siglo. Si a los jóvenes les zumban los oídos, algo habrán hecho. Si el uso de la maquinita se generaliza, a partir de ahora, además de los que visten calzado deportivo y pantalones vaqueros, serán sospechosos todos aquellos que se tapen los oídos con las manos. Si usted quiere comprobar si todavía puede despertar sospechas porque viste vaqueros o sólo hilaridad porque los lleva con raya y por debajo de la barriga cervecera, aquí tiene la herramienta para verificarlo. De nada.
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3 comentarios:
sr. Latxaga, no soy aduladora. Sigo pensando que sus escritos son inteligentes, pero percibo en éste un discurso fácil y un pelín mediocre. Es tan sesgado y estereotipador el criterio respecto a los jóvenes vascos del ministro ese del que habla, como su desafortunada expresión "documento nasioná de identidad", en clara alusión al acento andaluz.
Con el vocablo "madero" supongo que se refiere a esos ciudadanos que desempeñan su labor, unos mejor que otros, como en todas las profesiones, y que nacen donde el azar decide.
Respecto a los jóvenes, Ortega y también Gasset, que hay que ver lo compenetrados que estaban, estuvo lúcido anunciando nuestra época como la del culto a la juventud, sin argumento alguno.
Usted es más inteligente de lo que se percibe en este escrito, y seguro que más respetuoso también, con los vascos, con los andaluces, con los jóvenes y con los no tan jóvenes.
Un saludo
Estimada infltrada. Me encanta el debate y me encanta mucho más saber que tengo lectores críticos como usted. Son los que empujan de verdad a extremar el cuidado y a afilar la reflexión.
Y ahora, alguna puntualización a sus puntualizaciones.
Maderos, grises, picoletos, pasma...son vocablos de argot a los que su uso continuado ha limado cualquier connotación peyorativa o insultante que pudieron tener en su inicio. En el lenguaje de la calle nadie habla de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Tenga la seguridad de que si hubiera habido 'animus injuriandi' por mi parte, tenía a mi disposición bastantes epítetos realmente insultantes, cuando no directamente sangrantes.
En cuanto al acento, andaluz, o extremeño, era el más habitual entre los que en la dura década de los ochenta estuvieron destinados en Euskadi, (reflexionar sobre los motivos nos da para otro blog), hasta convertirse efectivamente en estereotipo y hasta en caricatura. Tan habitual, por cierto, como la petición indiscriminada y constante del 'denei', también conocido como 'la papela', en aquellos tiempos y en aquellas calles y carreteras. Y es que la llamada Transición no fue aquí el cuento de hadas que nos venden los exégetas de la memoria.
Espero que me siga leyendo... y corrigiendo
Yo presumía de tener buen oído pero me temo que no me molestará ese ruidito ;-)
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