martes, 15 de abril de 2008

A propósito de la privacidad

Leo en El Periódico que Telma Ortiz, la hermana de Letizia, así con zeta no hacen falta más precisiones, ha pedido al juez que impida que se informe de su vida privada. Bonita paradoja ésta que presenta como noticia el deseo de una señora de no ser noticia. ¿Pertenece a su vida privada la petición al juez?. ¿Impedirá el juez informar de la petición, aunque sea con carácter retroactivo?. Al modo de los trampantojos en la pintura, esta noticia encierra y está encerrada a su vez en otra y así sucesivamente hasta el infinito y más allá.
Andamos a vueltas con la privacidad y hasta disponemos ahora de toda una Agencia para la Protección de Datos que, en teoría nos protege del asalto de los curiosos mejor o peor intencionados. Pero me da la impresión de que es ahora cuando más al aire están nuestras vergüenzas.
En Público, Juan Valera nos informa de que la Comisión Europea está tratando de que Google guarde nuestros datos, nuestras búsquedas, nuestras idas y venidas por la red, sólo seis meses en lugar de los entre trece y dieciocho meses durante los que nos tiene archivados ahora mismo. Dicen los de Google que cuantos más datos nuestros dispongan sus maquinitas, mejor y más rápido nos podrán servir. Que si conocen nuestros gustos, nuestras preferencias, nuestras costumbres, antes darán respuesta a nuestras búsquedas y peticiones...Que es por nuestro bien, vamos. Concluye Valera que tanta gratuidad y tanto servicio nos cuesta de precio seis meses de nuestra vida, y eso si al final se impone el criterio de la Comisión Europea. Es otra forma de verlo o de establecer el valor de las cosas, incluida nuestra propia vida.
Somos cada vez más celosos de nuestra intimidad precisamente en unos tiempos en los que vivimos en el escaparate. El mero hecho de pagar una factura con tarjeta de crédito abre de par en par nuestras ventanas. Qué decir de usar el teléfono móvil o el correo electrónico. No sé dónde he leído que una sentencia permite a una empresa leer los correos de sus empleados.
Cientos de cámaras filman nuestras andanzas callejeras, nuestras entradas y nuestras salidas. Basta teclear en el buscador de buscadores el nombre de nuestro más querido enemigo o nuestro más odiado amigo para conocer sus andanzas, sus multas pagadas e impagadas, su estado civil y las oposiciones que ha aprobado.
Volviendo al principio. ¿Cree de verdad Telma Ortiz que su petición servirá de algo?. ¿Es que no conoce todavía a esos paladines de la exclusiva y la primicia, héroes de la libertad de expresión, dispuestos a los más grandes sacrificios con tal de saciar el hambre de noticias del pueblo soberano?. Me concederé los seis meses que la Comisión Europea entiende como un plazo razonable para convencerme de que, efectivamente, en este país uno puede salir a la calle sin correr el riesgo de acabar en un programa de televisión. No cuento los de cámaras ocultas. Esa es una plaga de otra especie que ni los egipcios tuvieron que soportar.

llévame a Menéame Menéame mira lo que se habla en la blogosfera Technorati: privacidad
lleva este post a los favoritos de Google GBookmarks: marcar