sábado, 3 de mayo de 2008

Pintadas de mayo

Acaba de empezar el mes de mayo que, según el calendario gregoriano, discurre cuarenta años después de aquel otro de 1968 que tuvo en París su epicentro. Preparémonos pues para una nueva dosis de "yo estuve allí", emisiones conmemorativas en televisión y publicación de suplementos varios en los periódicos. Como yo no estuve allí, por razones obvias de edad, me ahorraré dar a nadie la matraca ni me colgaré la medalla de mis batallitas imaginarias en el barrio latino, como sin duda harán otros coetáneos, pero no he podido evitar recordar sus legendarias pintadas en las paredes cuando paseaba ayer por las calles del pueblo donde vivo.
En el pueblo donde vivo han puesto unas rampas mecánicas para salvar una calle en cuesta (lujos de nuestra postmodernidad europea) y a esas rampas les han adosado unas cámaras de vigilancia, se supone que para preservarlas de la acción de los gamberros y de quienes usan el mobiliario urbano para practicar la pista americana.
Aprovechando que las cámaras están instaladas pero no han entrado todavía en funcionamiento, alguien que ha oído hablar de Orwell pero no le ha leído, a juzgar por sus faltas de ortografía, se ha dedicado a embadurnar dichas rampas sin dar siquiera tiempo a estrenarlas, pintando avisos sobre las torvas intenciones de quienes han colocado las cámaras y advirtiendo al género humano sobre los males que le esperan a una sociedad tan vigilada. Que el anónimo pintor escriba el verbo vigilar con jota no se incluye entre esos males a los que alude.
Me ha llamado la atención lo curioso de la situación. El artista del spray se ha animado a dejar una muestra de su torpe caligrafía y de su lamentable ortografía para protestar por la presencia de unas cámaras destinadas precisamente a evitar su tropelía. Y me pregunto. De no haber colocado las cámaras el ayuntamiento, ¿hubiera dejado nuestro héroe limpias las dichosas rampas, o hubiera aprovechado, él mismo o algún colega, para dejar una muestra más acabada de su arte con el spray o con cualquier otro aparato eyector, incluido alguno de su anatomía?. ¿Justifican precisamente sus pintadas la colocación de más y más cámaras en nuestras calles?. ¿Es la mejor forma de protestar contra la videovigilancia apelar a Orwell para engorrinar las calles de todos?. ¿Tendrá nuestro héroe el valor de proseguir con su campaña de concienciación una vez que las cámaras estén operativas y corra el riesgo de ser inmortalizado por las mismas?. ¿Somos todos tan necios que necesitamos que nos vigilen para que no destrocemos lo que es nuestro y nos hace la vida más cómoda?. ¿Es verdad que debajo de los adoquines está la playa?

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