jueves, 18 de septiembre de 2008

Información, ética y buen gusto

A estas alturas todo el mundo ha visto ya las imágenes y ha escuchado los audios del accidente del avión de Spanair de Barajas que Elpais.com ha colgado en la red, así que el debate ético sobre la conveniencia de publicar este tipo de material ya está servido. Francisco Mercado, el periodista de El País que ha obtenido la exclusiva, aduce en una entrevista que le hace Gemma Nierga en La Ventana, que no ve motivo para no publicar el vídeo puesto que no atenta "al buen gusto" y compara las imágenes del avión arrastrándose por la pista antes de convertirse en un hongo de fuego y humo, con las de los impactos de los aviones en las Torres Gemelas. La apelación de Mercado al "buen gusto" cabe achacarla en la premura de la entrevista, a un lapsus o a una falta momentánea de vocabulario para expresar la idea. Efectivamente, estoy con Mercado en que las imágenes del avión, por su lejanía, están exentas de morbo, aunque el morbo no sea muchas veces asunto de las propias imágenes sino de quienes las ven. El pecado no está en lo visto sino en la mirada.
Los audios en los que, por capítulos, se va desarrollando el drama de Barajas pueden llegar a ser más explícitos que las propias imágenes. Al desconocimiento inicial y al lógico desconcierto, le siguen las órdenes, la coordinación, pero también la desesperanza y la desolación de la persona que está contando las víctimas y pasa el parte a un compañero.
Creo que el debate no se debe plantear entre si este material debe publicarse o no, porque estoy convencido de que una vez en manos del periodista, la respuesta es que sí se debe publicar. El debate es previo, a mi juicio, y afecta a la fuente, a quién y por qué, o, lo que sería peor, a cambio de qué, ha facilitado al periodista un material que, por decirlo de alguna manera está 'sub iudice', toda vez que constituye la herramienta con la que el juez está tratando de completar el puzzle. Las exclusivas, salvo en las series de televisión, no se consiguen porque el periodista va a buscarlas y es más listo que los demás. Esto seguro que desde el mismo día 20 en el que se produjo el accidente, han sido muchos los periodistas que han estado rastreando este material. Las exclusivas, generalmente, vienen al periodista que previamente ha tejido una red de contactos, porque en un momento determinado a alguien le interesa que determinada información vea la luz. Y a veces ni siquiera al periodista, sino a su medio, elegido previamente aplicando una serie de criterios. A veces una filtración se hace para anular otra. Así funciona esto.
Pero sera como fuere la filtración vuelve a poner de manifiesto que el sistema judicial español es lo más parecido a un queso de Gruyere y que el hecho de que una información esté en manos de los jueces no constituye garantía alguna de confidencialidad, lo que es ciertamente preocupante. Estamos hartos de conocer por la Prensa sentencias y actuaciones judiciales que desconocen los propios interesados o sus abogados. Ahora también hemos accedido al material sobre el que estaba trabajando el juez que lleva el caso. El accidente del avión de Spanair ya está sometido al escrutinio público, lo mismo que la actuación de diversos trabajadores del aeropuerto de Barajas, cuyo desempeño se someterá ahora a no pocos juicios, lo mismo que la trayectoria de la aeronave será analizada por expertos, presuntos o reales, dispuestos a 'ayudar' al juez en su tarea. Ese es el problema que plantea la publicación de este material. Ese y el dolor renovado de los familiares de las víctimas, obligados a revivir una y otra vez aquellos tremendos momentos. Pero éste es otro debate.

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