Sociólogos profesionales y amateurs, psicólogos diletantes y demás observadores de esa fauna que llamamos sociedad, tienen aquí materia de entretenimiento. A miles de kilómetros de distancia una del otro, separados al menos por dos generaciones en edad, el uno y la otra ocupan tiempo y espacio en los medios por hablar de lo mismo; que algunos dirían por hablar de lo único.
Rafaella Fico una italiana de 20 años de edad, concursante en la versión de su país de Gran Hermano, ha decidido prorrogar la efímera fama que proporciona el programa, ofreciendo su virginidad al mejor postor. Así, como suena. La chica ha tasado la cosa en un millón de euros, me imagino que por redondear y evitar la molestia de devolver el cambio. La idea no me suena original. En los recovecos de mi memoria creo recordar que no es la primera que alguien lo hace. Me refiero a hacerlo con publicidad. No seré yo quien haga un juicio moral de la señorita (todavía) Fico. Pero me asombra que el anuncio de la subasta de lo del día de la boda, que decía el inolvidable Miguel Vidal, no haya despertado escándalo alguno en la sección femenina del PP que, en cambio, se ha lanzado en plancha a acusar de apologeta de la prostitución (el PP tiene una fijación con la apología) al presidente de Cantabria, el indescriptible
Miguel Angel Revilla, por confesar éste en el programa de Buenafuente lo siguiente: "Yo mojé por primera vez a los 18 años... y pagando". Tampoco haré un juicio moral de Revilla por su confesión, porque personalmente me parece que sólo es eso: la confesión de un rijoso en la que en ningún momento se puede apreciar que esté haciendo apología alguna de la prostitución, sino que más bien parece el reconocimiento de un fracaso personal.
Puestos a elegir y si se me apura, me quedo con la sinceridad de Revilla antes que con la impostura de Fico. Aunque creo que la una y el otro son frutos de su tiempo. Cuando Revilla tenía 18 años 'pagando' era prácticamente la única forma que tenían los hombres de iniciarse en el sexo. A estas alturas del siglo XXI la fama no tiene precio y el dinero es el valor supremo. Al cántabro, dice, no le quedó más remedio que pagar para 'estrenarse'; la italiana quiere el dinero para comprarse un piso en Roma y pagarse, dice, una carrera. Supongo que los avezados guionistas de nuestras televisiones ya habrán hecho las gestiones pertinentes para sentarlos juntos en un programa. Podrían discutir de economía, ahora que está tan de moda.
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